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Vince Gilligan, creador de “Breaking Bad”: “No tengo simpatía por Walter White”

El realizador de la serie que reformó la ficción en el siglo XXI aún se sorprende del fenómeno generado por su criatura, pero cree que el presente quizá sea “el tiempo de los héroes”.

Tres lustros atrás, Vince Gillighan rezaba para que su nuevo proyecto en televisión continuara tras la emisión de su primer episodio. “¿Quién va a estar tan loco como para ver un programa sobre un tipo que se va a morir de cáncer y prepara una droga terrible? Esto va a ser el mayor fracaso de la historia», pensó. «Ni en mis sueños más desquiciados imaginé que este programa terminaría por concretarse y mucho menos que sería un gran éxito”, confiesa el artífice de Breaking Bad. El resto es historia, o mejor dicho, una historia que cambió la ficción seriada en este siglo y podrá volver a verse, esta vez en la pantalla de A&E desde este lunes 29 (lunes a viernes a las 22).

Las cinco temporadas de Breaking Bad implican volver a la hipnótica apertura de compuestos químicos humeantes y verdosos, la tensión de la canción de Dave Porter, las postales de Nuevo México y la insidiosa cuestión sobre su protagonista: ¿por qué me cae bien este tipo que cada vez hace cosas más reprochables? Más allá de la discusión sobre el carácter del profesor de química que se vuelve un lord de la droga, Gilligan le adjudica el suceso de la serie a la composición de Bryan Cranston. “Era la persona perfecta en todo el mundo para interpretar este papel e hizo de este personaje reprensible alguien simpático”, explica. La gran ancla de la serie, entonces, era contar la conversión de un buen tipo en alguien malo. “Hasta mi mamá quería que Walter White se saliera con la suya”, bromea GIlligan.

Algo que hoy se convirtió en la nueva normalidad, hacia 2008 no lo era tanto. “Es interesante cuando comenzó Breaking Bad no había demasiados personajes así. Ahora hay una gran cantidad de antihéroes. Y estoy pensando en que tal vez esta sea hora de más héroes. Pero así es el negocio. Es cíclico. Antes de Breaking Bad había muchísimos chicos buenos en la televisión. Ahora tal vez demasiados tipos malos. Quizá lleguemos a los buenos de nuevo”, seduce Gilligan, quien asegura que no tiene simpatía por Walter White. “Se volvió muy desagradable, es cierto. Pero siempre se mantuvo interesante. Y eso era importante para mí”, aseguró en una conferencia de prensa en la que estuvo presente Página/12, a raíz de su reposición por A&E.

En definitiva, Breaking Bad se erigió en el producto más representativo de la era dorada de la televisión mientras Walter White se quitaba los últimos capullos para entrar en su conversión total hacia Heisenberg. En tanto, la serie ganaba adeptos, premios y loas de la crítica. Pero para el máximo responsable de la entrega, ver el mundo a través de los ojos de este Dr. Jeckyll / Mr. Hyde moderno se había vuelto turbio. Cierta anécdota lo deja en claro. Una noche, tras reunirse con el equipo de guionistas, Gilligan sintió que se teletransportaba de California a Albuquerque. Cuestión que un auto se le colocó al lado y tuvo miedo de que Tuco Salamanca, alguien de la banda de Gus Fring o un supremacista blanco le disparara. “Fue irracional. No había razón para pensarlo. Eran solo una mamá y sus hijos. Y yo estaba tan en la cabeza de Walter White que sentía que momentos como ese sucederían”, señala Gilligan.

La fórmula química del éxito
¿El ingrediente secreto de Breaking Bad? La “química”, bromea Gilligan. Pero no la de la metanfetamina azul que fabricaban los personajes sino la que existía entre Bryan Cranston con Aaron Paul (que encarnó a Jesse Pinkman). “Todas estas otras cosas estaban en el aire. Realmente no sabíamos hacia dónde iba la serie aparte de Walter White. Lo único que sabíamos con seguridad todo el tiempo era que se convertiría en alguien malo. Ni siquiera sabíamos que Jesse Pinkman iba a sobrevivir a la primera temporada. La historia es bien sabida, pero me encanta contarla. En el boceto, íbamos a matarlo al final de la primera temporada. ‘Es solo un cabeza de chorlito’, pensaba. Habrá cumplido su propósito y luego lo mataremos. Y eso será dramático, porque entonces Walter White estará enojado y querrá vengarse con la persona que mató a su compañero. Será un buen drama. Pero amamos a Aaron Paul después del primer episodio, así que me dije a mí mismo: ‘De ninguna manera voy a matar a este tipo’. Eso es lo divertido de la televisión y lo que me encanta, lo que da miedo pero también es emocionante al mismo tiempo: si contás con tiempo y suerte, vas a poder explorar todo eso por un par de temporadas. Con el personaje de Gustavo Fring, interpretado por el maravilloso Giancarlo Esposito, también pasó algo especial. Es un personaje que pensé que llegaría hasta el final, pero luego nos dimos cuenta de que es un personaje demasiado poderoso y que solo podía haber uno así. Así que tuvimos que matar a Gus Fring. Eso, creo, es entender y olfatear adónde te lleva la historia”, razona Gilligan.

La revisión de Breaking Bad también amerita una reflexión sobre el personaje de Skyler White, interpretado por Anna Gunn. Gilligan no duda en definirlo como el más complicado de escribir y encuentra inexplicable la ola hater hacia la esposa del protagonista extendido a su intérprete. “Anna Gunn es una de las mejores actrices con las que he trabajado. Es tan inteligente, tiene tanto talento y tuvo un papel muy, muy difícil que desempeñar, un papel muy poco apreciado. Fue difícil para ella interpretar, y fue difícil para nosotros escribir. Me hace sentir mal que Anna Gun no haya sido reconocida y que hasta la haya pasado mal. Hay algo que nos costó mucho tiempo fue averiguar: ¿cuánto tiempo puede permanecer inconsciente de lo que hace su esposo? Si ella descubre la verdad, el programa habrá terminado, ¿no es así? Y luego nos dimos cuenta que no puede ser tonta sobre esto. Es intuitiva, tiene que darse cuenta. Y realmente fue muy difícil escribir cuando lo hace, porque queríamos que tomara conciencia. Y queríamos que el programa no terminara pero también que ella no se convirtiera de repente en una mala persona. Entonces, ¿cómo equilibra su amor por su familia y su temor de que su esposo vaya a la cárcel por el hecho de que él está destruyendo activamente a su familia? Fue un papel muy, muy duro, muy poco apreciado, creo, y difícil de desarrollar. Y sé que Anna para fue muy difícil de interpretar, pero hizo un trabajo excepcional. Es asombroso”, asegura.

Decí mi nombre
Buena parte del aprendizaje del medio, asegura Gilligan, lo había hecho en su trabajo como guionista para Los expedientes secretos X. El título con todos honores vendría algún tiempo después. Desde el momento de su estreno, Breaking Bad se desmarcó en términos visuales y osadía narrativa, la mezcla de géneros y tonos que iban del thriller al humor negro, su simbología espesa y la gran gama de personajes secundarios. Gilligan asegura que no hizo más que montarse a la ola iniciada con The Sopranos, The Wire y The Shield con protagonistas siniestramente empáticos. Reconoce, “un poco de crédito” en el marco estético de la serie “como una maravillosa película de cinemascope del pasado”. Esa notable puesta en escena que apeló al uso de lentes amplios, puntos de vista exóticos, con la cámara ubicada en espacios extraños, que profundizó la realidad distorsionada de White.

-¿Qué significa para vos Breaking Bad?

-Significa muchas cosas para mí. Breaking Bad cambió mi vida. Y soy muy afortunado. Nunca pensé que sería un gran éxito. Ni que tantos años después aún tendría fans. Hace quince años pensé «Dios mío, lo mejor que puede salir de esto es hacer un buen episodio inicial». En resumen, Breaking Bad para mí significa buena fortuna. Me hace sentir como si hubiera ganado la lotería.

-La serie puso en evidencia el debate interno de las personas entre el bien y el mal. ¿Cómo te interesaste en la temática de la moralidad?

-Es una de las cosas más interesantes sobre las que escribir. Yo empecé como guionista de cine. No tuve mucho éxito… Un poco de éxito, bah. Pero recuerdo estas comedias que escribí a principios de la década de los ‘90 y luego recuerdo mi trabajo en Los expedientes… Y creo que los episodios que más me interesaron y las películas que me siguen interesando más son los que investigan la condición humana. Y la idea del bien y el mal y que vivimos en un universo que tiene sentido está ahí. Me criaron como católico, me gusta creer que hay un sentido en el universo, que hay un bien y un mal definitivos, y que el universo no es solo caos y casualidad. Quiero creer que hay alguna estructura en el universo, ya sea que la percibamos o no. Y esas cosas me interesan, simplemente es así. Por eso me pareció interesante escribir sobre un personaje que piensa que es un buen hombrem pero que luego hace cosas cada vez más terribles por una buena razón: ayudar a su familia. Pero al final, ¿realmente se está engañando a sí mismo y necesitan la ayuda que les está ofreciendo? ¿El fin justifica los medios? Hace muchas cosas malas, cada vez peores y que no apoyo, pero fue fascinante ponerme en su cabeza durante muchos años. Y se puso difícil. Cuanto más duraba el programa, más oscuros se volvían mis pensamientos y la forma en que percibía el mundo. Estaba triste cuando terminó Breaking Bad, pero también estaba un poco aliviado de no tener que ver el mundo a través de los ojos de Walter White.

La química entre Cranston y Paul fue la clave del éxito, según Gilligan.
-Varios de sus episodios marcaron un nuevo estándar en la ficción: el piloto, “Ozymandias”, “Felina”, “Face Off”, “Crawl Space”, incluso “The Fly”. Pero, ¿qué otro episodio para usted merece una nueva mirada? Tal vez uno que esté un poco por fuera del radar, o que sea especial por algún motivo desconocido.

-Es muy difícil elegir un favorito. No tengo hijos, pero si sos padre, tal vez tengas uno en secreto favorito (se ríe). No sé. Creo que tratas de no elegir un favorito entre tus hijos. Es difícil para mí tener un favorito. Los amo a todos. Pienso en ellos como una larga historia de 62 horas. Y a veces no los divido en mi cabeza en episodios individuales. Dicho esto, no puedo evitar pensar en “Better Call Saul”, el episodio en el que presentamos a Saul Goodman. Y me encantó el comienzo de mi relación con Bob Odenkirk, trabajar con él. Y el episodio final es un recuerdo muy grato. Me sentí muy afortunado de estar escribiendo y dirigiendo ese capítulo. La jornada final en el set, la última escena que filmamos, es otro recuerdo destacado. Y fue una escena de “Ozymandias”, muy cerca de la conclusión. Estuve en el set en una reserva de nativos americanos en Nuevo México. Ahí también filmamos el piloto en las hermosas rocas rojas de To’hajiilee. Es decir, filmamos el piloto y luego filmamos la escena final en el último día de producción en ese lugar exacto. Y eso fue especial para mí. Y además no tuve que hacer nada. Yo deambulaba, estrechaba la mano de la gente, me despedía de todos y tomaba fotos en el mismo lugar donde habíamos comenzado cinco años antes. Eso fue lo más destacado. Es un recuerdo inolvidable para mí.

Albuquerque siempre estuvo cerca
Tras esa jornada, Vince Gilligan siguió dando vueltas por Albuquerque con las seis temporadas de Better Call Saul y el largometraje El camino. “Estoy muy orgulloso del final de la serie. Estoy tan orgulloso del final de Breaking Bad que esa es la razón por la que me resisto a volver a ese mundo. Tomé la palabra con mucha precisión. No es que no quiera volver a Breaking Bad: es que tengo miedo de estropear los recuerdos de la serie. Nos arriesgamos mucho con Better Call Saul. Podría haber sido un desastre. Por suerte, no resultó así. A mucha gente le gusta incluso más que Breaking Bad, lo que me hace feliz. Probablemente podríamos tener ideas. Pero no quiero decepcionar a los seguidores. Es como dicen: «tené cuidado con lo que deseas porque si te dimos más y lo odias, sería peor». Y también, quiero desafiarme a mí mismo. Quiero ver si todavía tengo algunas ideas nuevas en mí. Así que ese es mi pensamiento. No es que esté cansado de Breaking Bad, es que quiero ser un buen pastor para Breaking Bad y para los fans. Quiero ser un buen cuidador de Breaking Bad. Esa es la verdadera razón”, asegura.

El próximo proyecto de Gilligan será en la misma ciudad de Nuevo México, aunque adelanta que el tono y el tipo de personaje serán diferentes, más allá de que esté involucrado el mismo equipo con el que montó Breaking Bad y Better Call Saul. Su protagonista será Rhea Seehorn, la Kim Wexler de Better… “Interpreta un personaje un poco más heroico. Pero no puedo decir mucho, excepto que no tiene nada que ver con lo ya visto, aunque se ruede en la misma ciudad. Tiene algo de ciencia ficción, no es sobre criminales”, seduce. “Espero que sea bien recibido. Nunca lo sabés. Creo que Breaking Bad fue un éxito por muchas razones: tuvimos un elenco maravilloso, era el momento adecuado, era el tipo correcto de cosas y era un poco diferente de lo que había a su alrededor, pero también tenía similitudes. Ojalá supiera cómo repetirlo. Sé que es hora de hacer algo diferente a Breaking Bad y Better Call Saul, no porque no los ame, sino porque quiero ver si puedo hacerlo de nuevo. Es como si quisiera ver si se me ocurre algo nuevo y que a la gente le guste”, destaca.

-¿Crees que si Breaking Bad se hubiera estrenado en 2023 tendría el mismo éxito?

-Pienso en eso todo el tiempo. El timming es suerte y la suerte es timming. A veces pienso que timming es solo otra palabra para la suerte. Sé con seguridad que si Breaking Bad hubiera salido unos años antes, no habría tenido ese éxito. Ahora bien, si Breaking Bad saliera en 2023, ¿sería un éxito ahora? No estoy muy seguro. Realmente, creo que todo tiene su momento perfecto. No sé si Breaking Bad hubiera estallado como lo hizo. Así que el timming realmente lo es todo. Me encantaría atribuirme el mérito de todo el éxito de Breaking Bad, pero mucho de eso estaba fuera de mi control.

Fuente: Pagina 12

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