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River no terminó el año en paz: del “atragantamiento” de Enzo Pérez a la “diablura” de Echeverri

River terminó el 2023 con la última vuelta olímpica del calendario extralarge de la AFA empoderada. Una noche de sonrisas y emociones, con un equipo que volvió a parecerse al del primer semestre. River terminó el año en paz. ¿Sí? ¿En paz?

Festejos, rondas, ovaciones, adioses a referentes que grabaron a fuego su relación con la gente. Hasta que llegó la hora de los micrófonos. Por supuesto que hubo mayoría de declaraciones de lógica satisfacción y buenos augurios. Unos pocos alteraron la calma. Pero, curiosamente, provocaron los mayores estruendos: Enzo Pérez y el Diablito Echeverri. Y actitudes.

Una noche así, tan significativa, hubiese marcado un abrazo eterno entre el capitán y Marcelo Gallardo, por ejemplo: todavía a esta hora los estarían despegando. Enzo Pérez salió por el lado opuesto donde estaban Martin Demichelis y su mano derecha, Javier Pinola, que entre otras cosas, fue uno de los referentes del grupo junto con el propio Pérez, Ponzio, Maidana y Armani. Nada para Micho, compañero en el Mundial 2014. Nada para Pinola en ese momento en el que, evidentemente, no quería ir a saludar al DT. Sí se dieron Enzo Pérez y Pinola un largo abrazo luego del partido y hablaron unos segundos.


Y las frases de Enzo en medio de la emoción y el “atragantamiento” para no decir “las miles de cosas que me vuelan por la cabeza, pero que no es el momento de decirlas”. ¿Se va porque se va nomás o porque no está, a los 36, para bancarse otro año de Demichelis?

Cómo si fuera una de streaming, junto con el más veterano que se va, el más chico que llega con la fuerza de un huracán… ¿y se va antes de lo que todos imaginaban?

En otro contexto, Echeverri hubiese pronunciado, ante la pregunta de “si vas a renovar” el contrato que vence en diciembre de 2024, una clásica caseteada: “Noooo, dejame festejar con mis compañeros. En la semana habrá tiempo para hablar de eso”. Optó por tomar otro camino. Volcánico.

Eligió la diablura que le iba a atragantar el pan dulce navideño a los hinchas: ”No voy a renovar. Si voy a jugar un año o seis meses más y después veremos el futuro”.


Lo primero que hizo un chico de 17 años fue poner la palabra “representante” (es Enzo Montepaone) en el inicio de la respuesta. Y todo lo que siguió sonó más a un libro aprendido de boca de terceros que a la propia convicción.

Un buen asesor que trabaja para potenciar su producto lo primero que le habría recomendado era “no hablar del tema”. Salvo que le conviniese (al que no se calza los botines) que se hablara de la cuestión y que por varias horas eclipsara los aspectos más relevantes de la noche. Fue como un revival de la noche del Maracaná y el bombazo que tiró Lionel Scaloni, casi un tsunami que tapó todo lo de la selección.

La diablura de Echeverri obligó a salir al cruce incómodo, con el perfil cambiado, del presidente del club, Jorge Brito. Que intentó en plena madrugada santiagueña apagar el fuego. Pero las llamas ya estaban muy altas y el lomo (la verdadera joya de hoy) lucía medio arrebatado, al menos por afuera. Un pecado si se terminara secando el tomahawk que espera saborear el paladar riverplatense.

Ganar siempre es mejor que perder, más allá de que la palabra aprendizaje acostumbra merodear las derrotas en muchos deportes. Pero aun ganando y tomando el aire de un sendero de eucaliptus que brindaría, en condiciones normales, un título ganado el ¡22 de diciembre!, River no concluyó el año en paz, sino con algunas turbulencias severas.


Porque más allá de que Echeverri termine pidiendo disculpas (o no: no tiene por qué hacerlo) y pueda apaciguar el termismo de las redes sociales, lo que queda en el horizonte es un plantel sin sus últimos referentes en la cancha y en el vestuario, algunas eventuales salidas más (De la Cruz) en las gateras y un Demichelis con todo un año por delante que luce más complejo que el del bautismo, que ya era de por si complejo por suceder nada menos que a Gallardo. Y eso que ganó dos campeonatos. Así de cruel es el fútbol argentino.

Un fútbol empoderado detrás de un título mundial y que no ahorra sus tropelías de escritorio, despojos en los partidos de ascenso, populismo y hasta la legalización de toda clase de copas y torneos como títulos oficiales. La gestión Tapia es tan ridícula que habrá que estar atentos a los viejos Torneos de Verano. Total, después van a levantar toditos la mano…

Fuente: La Nación

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