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Los estrenos de la semana: entre el «Guasón» de Joaquín Phoenix, una comedia rioplatense y un thriller político de la madre patria

También se estrena la inquietante Terror a 47 metros: el segundo ataque, secuela con mochileros atrapados en cuevas submarinas, y la boliviana Muralla.

Guasón, Estados Unidos ★★★

Hay una escena en Guasón en la que el protagonista entra a la casa donde una mujer intenta dormir a su hija. Asustada, ella lo reconoce y le indica que se ha equivocado de puerta. Es un buen momento, ingenioso, que resignifica algunas cosas que vimos antes. Pero el director y guionista Todd Phillips (¿Qué pasó ayer?) se siente obligado a explicarla, con una secuencia de flashbacks modificados. En la que lo que habíamos visto hasta ese momento resulta que no era tan así.

Con un protagonista psicológicamente deshauciado, la triste historia de origen del enemigo de Batman parece casi obligada a jugar con el cruce entre la realidad y aquello que se cuece en su cabeza. Pero esa escena debe ser explicada, como si no bastara, o no se confiara lo suficiente, en la elocuente síntesis de esa imagen, de ese diálogo breve.

Joker -ganador del León de Oro a Mejor Película en el Festival de Venecia, todo un hito para un film de superhéroes- es todo lo oscura esperable. Como corresponde a la sucesión de desgracias en que se basa su historia: la de un tipo solitario llamado Arthur Fleck (Joaquín Phoenix), que sueña con ser comediante de stand up pero se gana la vida como payaso de ocasión. Vive con su madre, a la que baña y atiende, y lleva una tarjeta que explica su risotada maniática como condición mental, para evitar malentendidos y represalias. Sin embargo, desde la primera escena de la película, cuando unos chicos malos le dan una paliza vestido de payaso, parece claro que su condición de freak provoca más rechazo que compasión.

Entre sucesivas humillaciones y desgracias, el tipo irá acumulando enojo, porque como sabemos, es la semilla del Guasón. Y matar tendrá para él un efecto liberador. Lo cierto es que, además, las víctimas se lo merecen, como emergentes de esa sociedad brutalizada que lo ha hecho así. Y la película invita (como tantas con protagonista perturbado, seamos justos) a ponerse de su lado o leerlo como una especie de justiciero deforme. Gotham es una ciudad parecida a la Nueva York de los setenta, azotada por las mega ratas, la basura y la violencia gratuita. Allí no hay presupuesto ni para la asistencia de tipos como Fleck, y la irrupción de un criminal disfrazado de payaso provoca una especie de gran revuelta. Una revolución. Contra los ricos, culpables de todo aunque sean buenas personas. Como los padres de un tal Bruce Wayne.

Por un lado, los apuntes sociales marcan, sin grandes sutilezas, el camino para entender a Guasón como un síntoma distorsionado de (esta) época. Una especie de despojo. Por otro, el drama que suma, al paria marginal, a la Taxi Driver, traumas de origen con madre y padre (otra que falta de cariño). En el centro, está Joaquín Phoenix. En una actuación tan terriblemente intensa, y agotadora, que uno tiene ganas de pedirle que se tome unos minutos, que haga un respiro. La mueca retorcida, las risotadas agónicas, el atragante, la danza espasmódica, el caminar encorvado, el cuerpo escuálido y puntiagudo: no hay segundo de paz para su Fleck. Que incluso cuando calla está, con su mirada dramática, rabiosamente presente.

Toda esa intensidad va al servicio de una historia atractiva, filmada con recursos, que se sigue con la expectativa lógica y viene a poner una nueva marca en el camino de las historias basadas en cómics de superhéroes. Pero que, al final, deja la sensación de que su penoso protagonista, como emblema del vacío y la deshumanización, es una construcción más declamada que transmitida. En este caso, a través de un statement sobre la indiferencia hacia el otro, en la secuencia climax, más básico y trillado que profundo. Tampoco la música que la ensalza es demasiado inspirada: una lista de extraordinarios clásicos sobre sonrisas, felicidad y payasos, en la voz de La Voz. Con el homenaje directo a Scorsese (El rey de la comediaTaxi Driver y la presencia de Robert de Niro) y al cine de finales de los setenta, Guasón es una película potente y capaz de impactar. Aunque quizá, para ser importante, no baste con vestirse de importancia.

Dirección: Todd Phillips. Elenco: Joaquín Phoenix, Robert de Niro, Zazie Beetz, Frances Conroy. 121 minutos.

Porno para principiantes, Uruguay/Argentina ★★★

Una película que va dedicada a Ronald Melzer ya empieza bien. El fallecido crítico de cine y árbitro de fútbol uruguayo fue, tanto desde su videoclub en Pocitos, donde daba pequeñas clases magistrales a cada cliente, como desde las páginas de Brecha, una figura central de la difusión y el entusiasmo cinéfilos. En Porno para principiantes, de elenco y equipo uruguayo-argentino, es Aníbal (Nicolás Furtado) el que pide, detrás del mostrador, que los clientes rebobinen la cinta antes de devolverla, so pena de multa. Su amigo Víctor (Martín Piroyansky) está por casarse con Leticia (Nuria Fló), que es además su musa en los cortometrajes bizarros que dirige. Pero como no quiere vivir de su trabajo como cadete toda la vida, ni someterse a las humillaciones de su suegro, acepta un encargo para dirigir una película porno. Con Aníbal como productor y eventual protagonista, Víctor se pone a la tarea de hacer porno pero con pretensión artística. Mientras va cayendo a los encantos de la actriz principal, Ashley (la brasileña Carolina Manica).

Todo un plot que se relata como flashback: lo que le cuenta, años después, un Víctor devenido cura (el estupendo Roberto Suárez) a un chico en confesión. Que no se trate del mismo actor es uno de los varios caprichos del juego que propone el director, Carlos Ameglio, en esta comedia. En la que no todas las bromas funcionan igual de bien, sobre todo en la última parte. Hay, hasta que la película porno empieza a producirse, un desarrollo divertido, con ritmo, por momentos -y en gran medida gracias al woodyalleniano Piroyansky- desopilante. Pero, así como a su Víctor las cosas se le empiezan a trabar, algo parecido le sucede a la película, que por momentos flirtea con ponerse más seria, pierde ritmo, y termina acumulando información, con sus vueltas de tuerca, en los minutos finales, atolondrada y como con apuro. De todas formas, más allá de sus puntos débiles, Porno tiene la simpatía y la gracia suficiente como para hacernos pasar un buen rato. Con su homenaje al cine disidente y -en la línea de films como Be Kind Rewind, de Gondry-, a esos espacios de la nostalgia, los videoclubes, que habrá que explicarles a los millenials y centennials.

Dirección: Carlos Ameglio. Elenco: Martín Piroyansky, Nicolás Furtado, Nuria Fló, Carolina Manica, Roberto Suárez, Daniel Aráoz. 88 minutos.

Punto Muerto, Argentina ★★★

Director de films de terror y fantástico (Necrofobia, Ataúd blanco), Daniel de la Vega incursiona, con Punto Muerto, en el misterio clásico y el cine negro. Con un anclaje literario aquí: un escritor de novelas policiales, Peñafiel (Osmar Núñez) llega a un encuentro con lectores llevando su nueva novela, en la que resuelve el misterio de la habitación cerrada, una de las obsesiones en torno del crimen perfecto. Lo rodean un crítico feroz, capaz de pulverizar su obra (Luciano Cáceres) y un escritor joven que lo admira y ha leído todos sus libros. Pero en paralelo a ciertas ideas del papel, habrá un crimen y Peñafiel parece sospechoso.

En blanco y negro, y en ambientes cerrados, con actores que parecen estar pasándolo bien, el puñado de personajes jugará un juego de enigma que bebe de fuentes conocidas, las guiña y homenajea. Mientras la historia, una vez aceptada su propuesta algo excéntrica, funciona y entretiene.

Director: Daniel De la Vega. Reparto: Osmar Nuñez, Luciano Cáceres, Rodrigo Guirao Díaz, Natalia Lobo, Daniel Miglioranza, Diego Cremonesi.

Que sea ley, Argentina ★★★

Juan Solanas, hijo de Pino, es un director de cine de ficción. Pero, ahora radicado en Uruguay después de vivir casi toda su vida en Francia, siguió de cerca la campaña pro aborto legal, seguro y gratuito en la Argentina. Al punto que, en la víspera del debate parlamentario, profundamente conmovido, tomó su cámara y se dedicó a registrar lo que pasaba en las afueras del Congreso. El documental Que sea ley, que provocó los pañuelazos verdes en Cannes y San Sebastián, donde acaba de ganar el premio de Televisión Española,es bastante más que eso, claro. A los testimonios e imágenes de la calle suma los de sus protagonistas, legisladores, activistas, referentes. Y aunque también hay espacio para los mal llamados provida, esta es una película militante, que ya desde su título se erige como un vehículo de difusión a favor de la aprobación de la ley. Además, Solanas viajó por el país y, es uno de los puntos fuertes de su película, entrevistó a víctimas, en casos terribles consecuencia de la imposición del aborto clandestino. Escuchar a esas víctimas, a sus familiares, a los involucrados, implica enfrentar eso que dice haber buscado con la película: una verdad incontestable. Y la emoción es inevitable.

The Unicorn, Estados Unidos ★★★★

Es probable que este retrato íntimo de un músico con problemas mentales resulte una experiencia tan fascinante como perturbadora y asfixiante. Ganadora del último Bafici porteño, The Unicorn se llama así por el disco de 1974 que publicó Peter Grundzien. Considerado, se lee al principio, uno de los primeros álbumes abiertamente gay de la música country, nada menos. Ícono, para pocos, de una «outsider music», Grundzien es hoy un señor de aspecto excéntrico y algo estrafalario. Ropa oscura, bastón, pipa, pelo largo y delirios de grandeza paranoica. Que abre las puertas de su casa de Queens a los realizadores para este documental que repasa su vida. Como un vampiro que se esconde del sol, el hombre parece guardarse guarda entre esas paredes, atiborradas de objetos, junto a un padre anciano y una hermana esquizofrénica que entra y sale de hospitales psiquiátricos. También él, que se describe como un sujeto mentalmente torturado, da cuenta de su ida y vuelta por los centros de salud mental, con un desapego notable. «Disfruté del electroshock», cuenta. «Después de eso, quedé drogado por un año».

Participante de la revuelta de Stone Wall en 1969, habitual de los desfiles por el orgullo, Grundzien hace sonar alguna de sus guitarras embutido en el sofá de su living. Ahí, reina en el desorden la bandera sureña confederada. Claro que debajo de su historia late la de una familia de la América salvaje, con un padre que trabajó en una mina desde niño, un abuelo asesinado a los veintisiete, una madre que lo encerraba. The Unicorn, que remite a films como Tarnation o Grey Gardens, el film sobre las familiares de Jackie Kennedy, pone en escena a una especie de Daniel Johnston del country, aunque en este caso el protagonista parece más áspero y menos querible. Un personaje con raro talento, atravesado por la enfermedad, de cuya obra se consiguen dos discos, aunque él asegura que grabó cerca de novecientas canciones.

Dirección: Isabelle Dupuis y Tim Geraghty. Film documental sobre el músico Peter Grudzien. 92 minutos.

El reino de la corrupción, España ★★★

Este atrapante thriller político, ganador de siete premios Goya, contiene, de alguna forma, dos historias en una, unidas y entrelazadas. Por un lado, es la de de una trama de corrupción que sale a la luz. Por otro, la de una vida casi perfecta que, de pronto, se desbarata. Como en los grandes exponentes del género, lo humano y lo social se complementan, otorgándole al marco (una filtración de la financiación turbia de un partido político, en plan Caso Gürtel), una dimensión honda que nos involucra. El muy buen trabajo de su protagonista, Antonio de la Torre, nos lleva con él en la escalada de tensión.

Es que el tipo, Manu para los amigos, es el prototipo del exitoso. Se mueve cómodo por la vida: saludando a los mozos por su nombre, celebrando largas sobremesas con los colegas, amoroso con su mujer y su hija, con las que comparte una casa fantástica. E influyente como vice secretario autonómico, de un partido que lo tiene como uno de sus delfines, capaz de llegar lejos. Cuando su nombre aparece en los medios y todas esas caras amigas le dan la espalda, expulsándolo del partido, parece que la elección entre manzana podrida o banda organizada se ha zanjado, y le ha tocado a él. Lo que le queda es una carrera contra reloj para defenderse de la única manera posible: desenmascarando la operación. Seca, potente sobre todo en algunas secuencias de enorme tensión, y quizá algo larga de más, El reino es un buen retrato de un universo sin aliados. El de la trastienda de la política.

Dirección: Rodrigo Sorogoyen. Elenco: Antonio de la Torre, Josep Maria Poy, Nacho Fresneda, Ana Wagener. 131 minutos.

Fuente: TN

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