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Laurita Fernández, talento sin techo: «Mi sueño era poder vivir de lo que me gustaba, no ser famosa a cualquier costo»

AUNQUE VIVE UN PRESENTE TEATRAL SOÑADO, ELEGIDA PARA PROTAGONIZAR MATILDA, EL MUSICAL Y LEGALMENTE RUBIA, LA CONDUCTORA DE BIENVENIDOS A GANAR APUESTA POR SU ROL EN EL PRIME TIME DE LA TELEVISIÓN. A DIFERENCIA DEL BAILE, DICE QUE ESTA ES UNA PROFESIÓN “PARA TODA LA VIDA” Y AGRADECE A EL NUEVE POR HABER SIDO EL PRIMER CANAL EN DARLE UNA OPORTUNIDAD. PARA ELLA, LA CLAVE DEL ÉXITO ESTÁ EN REÍRSE DE UNO MISMO Y SABER IMPROVISAR.

A algunos famosos se los conoce popularmente por su nombre en versión diminutiva, a pesar de su edad adulta: Anita Martínez está cerca de los 50, Guillermito Fernández promedia su sexta década de vida y Amelita Baltar lleva muy enérgicos sus 83 años. A otras pocas personalidades se las identifica rápidamente cuando se las llama por su nombre de pila a secas: Susana, Marcelo, Mirtha, Guido.Nuestra entrevistada ocupa casi con exclusividad la intersección del diagrama de Venn formado por ambos conjuntos de celebridades locales. Si se dice “Laurita” en un contexto artístico, no hay dudas de que se habla de ella: la conductora de Bienvenidos a ganar, el programa del prime time de El Nueve, y protagonista de Matilda, el musical, uno de los sucesos teatrales del año que volverá al Gran Rex el 12 de enero por cuatro semanas.–¿Te gustaría dejar de ser Laurita y ser simplemente Laura?–No, la verdad es que no, porque es más que un simple apodo, es también una manera en la que me identifican. Nació como un apodo pero me conocieron de esa manera. Más que relacionarlo con algo que tenga que ver con la edad, lo tomo como algo que tiene que ver con el cariño, me parece que es una manera amorosa de llamarme, no aniñada. Si no es como si a Palito Ortega le tuviéramos que decir Palo (se ríe). Fue Tinelli el que me puso ese apodo porque yo era la más joven de todo el equipo del Bailando… en su momento, y la realidad es que tengo un nombre y apellido bastante común, ¿no? Entonces era la manera en la que me identificaban. Al principio me sentía rara cuando me llamaban de esa manera porque nunca me habían dicho así. Con el tiempo me fui amigando y ahora me encanta.

Además De Protagonizar Matilda, Laurita Fernández Fue Elegida Para Representar A Elle Woods En La Versión Argentina De Legalmente Rubia. La Obra Estrenará En Marzo De 2024 En El Teatro Liceo De Buenos Aires.–¿Qué lugar tuvo en tu vida profesional el «Bailando…» y qué cosas creés que le sumó a tu formación?–Muchísimas. Primero, que me hizo conocida y me permitió mostrar lo que sé hacer en muchísimos lugares de todo el país y en muchas productoras también. El Bailando… tiene un ritmo muy vertiginoso en el que todas las semanas tenés que aprender un estilo diferente, entonces siempre te desafía a más. Después, hubo un año en el que me tocó bailar con Aníbal Pachano, y yo lo recuerdo como algo muy especial porque fue la primera vez que estuve tan, tan cerca de un director teatral. Él veía la puesta, cada coreografía como algo integral, se ocupaba del vestuario, de la luz, se fijaba qué pantalla iba a haber o qué escenografía. Y ahí me empecé a involucrar mucho más, empecé a ver todo de otra manera, de un modo más integral; no solo me ocupaba de hacer lo mío y ya.–Empezaste en la televisión con el baile. ¿Cómo llegó la conducción?–Fue con Combate. Yo justo estaba en el Bailando… con Pachano y me enteré de que había un casting y dije: “Voy, qué sé yo”. Ahí conocí al productor ejecutivo del programa, Marcos Gorban, que me vio, me llamó para participar y un día me dijo: “Yo quiero que conduzcas este programa”. Pensé que no iba a cumplir, que no se iba a hacer realidad, pero al año siguiente me llamó para hacerlo. Él y El Nueve fueron quienes me dieron la primera oportunidad, eso lo agradezco eternamente. Una cosa es cuando conocen tu laburo y te llaman por eso, pero que me hayan dado la primera oportunidad a ciegas, me hace estar siempre muy agradecida.–Lo de “a ciegas” es relativo. Seguramente vieron algo en vos que les dio la tranquilidad de que lo ibas a hacer bien, ¿no?–Bueno, supongo que algo habrán visto (se ríe). A mí, en realidad, me picó el bichito de conducir porque para poder vivir sola necesitaba tener más de dos trabajos. Yo hacía el Bailando… y también animaba fiestas, formaba parte de un grupo con el que hacíamos shows todos los fines de semana; y a mí me encantaba el rol que tenía el animador, cómo entretenía a la gente, cómo improvisaba.

«No Me Imaginaba Seguir Bailando Al Mismo Ritmo Siendo Más Grande. Sentía Que La Conducción Era Una Posible Carrera Que, Si Dios Quería, Podía Seguir Haciéndola Toda La Vida.»En ese momento me imaginé que esa podía ser una profesión a largo plazo, porque no me imaginaba seguir bailando al mismo ritmo siendo más grande. Sentía que la conducción era una posible carrera que, si Dios quería, podía seguir haciéndola toda la vida.–¿La fama era algo que deseabas o una consecuencia inevitable?–Me parece que fue más una consecuencia de todo lo que fue pasando, porque mi sueño era poder vivir de lo que me gustaba, no ser famosa a cualquier costo, haciendo cualquier cosa. Yo me hice conocida en una etapa en la que la tele era muy fuerte, pero también ya existía la tecnología. Entiendo que años atrás cruzarse a un famoso en la calle era toda una revolución porque no existían ni las redes ni nada.Yo ya viví una época más digital, entonces nunca experimenté situaciones incómodas respecto a ser conocida, todo lo contrario. Sí me ha pasado mil veces que te opinen de tus novios en la calle, que te quieran aconsejar (se ríe).–Ahora estás superinstalada en tu rol de conductora. ¿Qué es lo que más te gusta de hacer «Bienvenidos a ganar»?–Me gusta, primero, que es un espacio donde se da lugar al talento. Cualquier concurso de talentos me parece genuino y honesto. Y me gusta poder acompañar ese momento, vivir con ellos los nervios que sienten, toda la previa, lo que pasa en el durante, cómo van combatiendo ese nerviosismo y expectativa. Es jugar con gente que viene a pasarla bien; no hay nada actuado, lo que pasa, pasa. No digo que los programas con famosos no estén buenos, pero obviamente ya trabajan en el medio y lo viven desde un lugar más profesional. En cambio, con las familias que vienen a participar, vivo otra cosa, me encanta eso.

“El Paso Del Tiempo No Es Algo Que Me Preocupe. Obviamente, Mi Cuerpo Cambió, Mi Cara Cambió. Veo Fotos De Los 19, 20, 21 Años Y La Piel Es Distinta. Y No Lo Vivo Con Angustia, Me Parece Algo Natural. No Estoy En Contra De Las Cirugías Para Quien Se Las Hace, Pero Hoy No Me Imagino Haciéndome Nada Que Me Cambie La Expresión.”–¿No te da más vértigo? ¿O esa imprevisibilidad es adrenalínica?–Sí, y está re buena. Es eso, son espontáneos. A mí me gusta improvisar sobre lo que va pasando, todo siempre con buena onda y respeto. Yo soy la primera que se ríe de lo que me pasa, o de los defectos o tropiezos que puedo tener, entonces cualquier situación que para otro suena a catástrofe o a algo fuera de lo estipulado, a mí me divierte. Y me gusta mucho sentir que mi trabajo es cuando los otros descansan, ¿viste? Está bueno eso.–Antes hiciste mención a la proyección a futuro que te puede dar la conducción en contraposición a la danza, que tiene una especie de fecha de vencimiento. ¿Cuánto te afecta el paso del tiempo?–Mirá, no quiero sonar como superada o relajada, pero no es algo que me preocupe o me ponga mal. Obviamente, mi cuerpo cambió, mi cara cambió. Veo fotos de los 19, 20, 21 años y la piel es distinta. Y no lo vivo con angustia, me parece algo muy natural. No estoy en contra de las cirugías para quien se las hace, está buenísimo si te hace sentir mejor. Yo opté por no hacerme, pero porque hoy no lo siento; si el día de mañana sintiese ganas o necesidad de hacerme algo, lo haría.

“Yo Hacía El Bailando… Y También Animaba Fiestas, Formaba Parte De Un Grupo Con El Que Hacíamos Shows; Y A Mí Me Encantaba El Rol Que Tenía El Animador, Cómo Entretenía A La Gente, Cómo Improvisaba. En Ese Momento Me Imaginé Que La Conducción Podía Ser Una Profesión A Largo Plazo, Porque No Me Imaginaba Seguir Bailando Al Mismo Ritmo Siendo Más Grande.”También me pasa de encontrarme con muchas actrices en las que ves el paso del tiempo y para todo lo que tiene que ver con la actuación, el teatro, el cine, me parece genuino tener arrugas, y que la mirada y la cara se expresen. Yo creo que ese va a ser el desafío en unos años, cómo negociás con lo que querés mejorar. Hoy no me imagino haciéndome nada que me cambie la expresión. Y ahí hay una cuestión de género, algo instalado de que las mujeres tienen que parecer de 30 cuando tienen 50, mientras que al hombre se le halagan las canas y las arrugas.–Hay un estándar muy exigente con las mujeres que están en el medio.–Sí, no estoy diciendo nada nuevo, es algo que todo el mundo sabe y sigue sucediendo. Igual, con los cuerpos se evolucionó bastante. Lo veo en las pibas más jóvenes, que no tienen la exigencia que una a veces se ponía y está re bueno; amarte y amar tu cuerpo, ser saludable y vivir relajada sin querer aspirar a un determinado estándar. Yo empecé a trabajar en un momento de la tele en el que todo el mundo te decía “la tele te hace gorda”. Creo que si no hubiese sido bailarina y me hubiese dedicado a ser modelo, esa exigencia me hubiese afectado, sin duda.

Fuente: Pagina 12

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