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La era de Alejandro Sabella en la Selección: la cita a Manuel Belgrano, el temblor con Lionel Messi que duró poco y un final prematuro

Estuvo a punto de irse poco después de haber asumido, pero enderezó el rumbo y terminó por llevar a Argentina a la final de un Mundial. Se ganó la admiración de todos y sobre todo la de Lionel Messi.

Cuando asumió su cargo en agosto de 2011, Alejandro Sabella no imaginaba que llegaría tan lejos en Brasil 2014, su principal objetivo. Había reemplazado a Sergio Batista, el técnico de la Selección en la Copa América que se jugó en nuestro país y resultó un golpe letal para el Checho. En aquel arranque, Pachorra citó a Manuel Belgrano en la sala de conferencias de prensa del predio de la AFA en Ezeiza.

“Allí tenemos la bandera creada por Manuel Belgrano. Él dio todo por la Patria, dejó su sueldo, murió pobre. Es el ejemplo a seguir: el de poner el bien común por encima del individuo”, señaló con convicción. Y muy pronto mostró ese sentido de pertenencia por los colores. Y aunque su ciclo pudo haber terminado abruptamente dos meses después, luego de la inédita derrota ante Venezuela, encauzó el rumbo y desde la victoria en Barranquilla, 2 a 1 frente a Colombia, el equipo no dejó de crecer hasta llegar a la final con Alemania, tres años más tarde.

Sabella conocía el paño celeste y blanco porque había sido colaborador de Daniel Passarella en el Mundial de Francia 98. Siempre al lado del Kaiser, el amigo que hizo en el River de los 70, mostró humildad y perfil bajo. Se hizo cargo de la Selección después de una maravillosa campaña en Estudiantes. Ganó la Libertadores 2009 y estuvo cerca de la gloria en el Mundial de Clubes de ese mismo año, celebrado en Emiratos Árabes, además de llevarse el Apertura 2010.

Pachorra condujo a Lionel Messi en el mejor momento de una generación en la que brillaban Sergio Agüero, Ángel Di María y Gonzalo Higuaín. Fueron denominados los Cuatro Fantásticos y desde su primera gira con la Selección, en septiembre de 2011 por Calcuta y Daca, decidió darle la cinta de capitán a Leo. Y nunca más se la sacó.

Sabella, durante la final ante Alemania en el Maracaná. (Foto: Reuters)

Sabella, durante la final ante Alemania en el Maracaná. (Foto: Reuters)

Le costó convencer a Messi de que el camino a seguir era con un equipo sólido, cargado de sacrificio táctico, pero si había logrado comulgar con Juan Sebastián Verón, ¿por qué no habría de hacerlo con Lionel? Hubo un cimbronazo cuando dejó afuera de la lista a Éver Banega, amigo íntimo del crack rosarino. También había dejado afuera a Carlos Tevez, que había tenido chispazos con el “10” de la Selección.

Sin embargo, las fichas se fueron acomodando en Cidade do Galo, el predio de Atlético Mineiro donde se concentró la Selección para la aventura mundialista. Llegó el triunfo ante Bosnia Herzegovina en el debut. La victoria ante Irán, sobre la hora, con un golazo de Messi. Y otro éxito contra Nigeria, ajustado, pero con el pase y el primer lugar asegurado para los octavos de final y que dejó un momento risueño, inolvidable: aquella broma de Ezequiel Lavezzi cuando le tiró agua con una botellita.

Siempre acompañado por sus fieles laderos, Claudio Gugnali y Julián Camino, compañeros en los buenos tiempos de Estudiantes, como jugador y como técnico, llegaron más partidos ganados: el dramático contra Suiza con el gol de Di María en el cierre del suplementario, ante Bélgica con el grito del Pipa Higuaín y en los penales frente a Países Bajos, cuando Sergio Romero se convirtió en el héroe que pedía Javier Mascherano.

La final fue una derrota dolorosa que de todas maneras les dejó una enseñanza a los jugadores en las palabras de un líder que, a veces, generaba emoción en sus charlas. Si alguna vez confesó Federico Fernández que los hacía llorar.

«Somos representantes de sueños y de ilusiones, no podemos olvidarnos nunca de ellos, tenemos que prestigiarlos. Debemos dejar bien representado el orgullo y la dignidad de ser argentino», les dijo a los jugadores antes del duelo con los alemanes. No terminó con la Copa del mundo en sus brazos, como había soñado, pero dejó un legado, ese que todos recuerdan en la hora del adiós.

Su salud le impidió una continuidad en la Selección que se había ganado. Al cabo, aquel choque contra Alemania fue el último que lo tuvo dirigiendo. Quedó para siempre su legado, ese que le había hecho confesar a Messi que el momento en que más disfrutó de la Selección fue con Pachorra como DT. Hoy, lo llora el fútbol argentino.

Fuente: Clarín

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