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Julián Álvarez y la verdadera rutina de lo extraordinario: trofeos, goles, esa sonrisa… y hasta dónde puede llegar

El delantero del seleccionado marcó dos tantos (el primero, de pecho, a los 40 segundos) en la consagración de Manchester City en el Mundial de Clubes

Seguramente de pequeño, en Calchín, un pueblo cordobés, tomó lápiz y papel. El prólogo era el mismo del de tantos niños con sueños de pelota: “Querido Papá Noel”. Lo que seguía, entre garabatos y una sonrisa que mantiene desde hace 23 años, era lo de siempre. Balones, botines, autitos. Y subrayado, ser futbolista profesional.

“Yo tengo dos sueños. Mi primer sueño es jugar el Mundial. Y el segundo es salir campeón del mundo”, volaba con la imaginación Diego Maradona, un nene enrulado. Julián Álvarez, el dueño de esta historia, evidentemente escribió una página entera. Habrá pedido tantas cosas (y se habrá portado de maravillas, en la escuela y en la cancha, en la vida en general), que el deseo fue concedido a formulario completo. Lo ganó todo. Ni Leo Messi se animó a tanto.

Lo que un sujeto convencional (digamos, un muy buen jugador de fútbol), consigue en tres, cuatro vidas (tres, cuatro carreras maravillosas, repletas de vueltas olímpicas), la Araña lo logra en sus primeros cinco años de trayectoria. Julián no está tocado por la varita mágica: es el dueño.

La crónica describe que el delantero del seleccionado marcó el gol más rápido de una final del Mundial de Clubes, a los 40 segundos y de pecho. Su equipo, Manchester City, vapuleó a Fluminense 4-0. Así, redondeó un año extraordinario, con la conquista de su quinto trofeo de 2023.

El equipo que conduce Pep Guardiola (de a ratos, un violín), que no pudo contar con el lesionado Erling Haaland, ya había conquistado este año la FA Cup, la Premier League, la Champions League y la Supercopa de la UEFA.


A los 40 segundos del saque inicial, Álvarez hizo vibrar al selecto estadio de Arabia Saudita. El arquero Fabio desvió al poste un disparo de larga distancia de Nathan Aké, pero Julián envió el balón de rebote a la red con el pecho.

Al rato, Nino marcó un gol en contra al intentar rechazar un centro de Phil Foden. Y a partir de allí, un unipersonal. Foden sentenció el partido en el minuto 72, cuando se deslizó para rematar un centro cruzado de Álvarez. Y, otra vez, el crack de la sonrisa imperturbable, completó su doblete a dos minutos del cierre con un remate cruzado, luego de un amago exquisito, que provocó el delirio de los pocos aficionados del City.

“Jugó una final de Copa Libertadores a los 18 años, así que imaginate todo lo que puede dar”. La cita de Marcelo Gallardo ya lleva unos cinco años. Mantiene su vigencia. Julián Alvarez actuó durante buena parte del suplementario de la final de todos los tiempos, el triunfo de River sobre Boca por 3 a 1 en el estadio Bernabéu. Y no paró un minuto.

El brasileño Marcelo, multiganador con Real Madrid, lo sufrió la camiseta de Fluminense. Es una verdadera leyenda, pero ello no evitó que después del partido se rindiera a los pies del cordobés. En la zona de camarines, se lo vio al lateral izquierdo agradeciéndole a Julián por dejarse retratar con Enzo, el pequeño hijo del futbolista de Flu. Un gesto que habla por sí solo.

Ganó lo más importante de lo que puede ganar un futbolista argentino: la Copa Libertadores, la liga local, la Champions League, la Copa América, el Mundial de mayores con la selección… A fines de enero va a cumplir (recién) 24.

Acumula 14 títulos, según menciona la FIFA. Vale la comparación: Leo Messi no suma en su cuenta el torneo local. Tampoco, la Copa Libertadores, el trofeo que más se admira en esta parte del mundo. Claro, nunca jugó en el fútbol argentino. El guiño es ese: Julián tiene incluso los títulos que el mejor futbolista de la historia no consiguió.

Julián Álvarez, en posición de 9, define de pecho. Los ingleses ganan por 1-0 casi desde el vestuario. Esa imagen… El cordobés emula a Lionel Messi, que con la camiseta de Barcelona también le había anotado de pecho a Estudiantes de La Plata en 2009.

Los datos son extraordinarios. Campeón del mundo y campeón de la Copa América, con el seleccionado. La nómina sigue: lo consiguió todo. Champions League, Premier League, Supercopa de Europa, FA Cup, Copa Libertadores, Recopa Sudamericana, Copa Argentina, campeonato local, Trofeo de Campeones, Supercopa Argentina y la Finalissima. También tiene la medalla por el Preolímpico de 2020, claro. ¿La curiosidad? Son todos distintos.

Convirtió goles en todas las competencias que consiguió, con una excepción: la Supercopa Europea, donde, no obstante, anotó en la definición por penales. Y se une a los brasileños Cafú y Dida (campeones del mundo) que con su seleccionado obtuvieron, además, el Mundial de Clubes. Julián es el primer argentino y el tercer jugador que gana esos dos trofeos, la Libertadores, la Copa América y la Champions League.

Al levantar este nuevo trofeo en Arabia Saudita, la Araña se convirtió en el noveno futbolista argentino que fue campeón en el Mundial de clubes. Antes, Carlos Tevez (2008), con Manchester United; Lionel Messi (2009, 2011 y 2015), Gabriel Milito (2009) y Javier Mascherano (2011 y 2015), con Barcelona; Javier Zanetti (2010), Esteban Cambiasso (2010) y Diego Milito (2010), con Inter, y Juan Manuel Martínez (2012), con Corinthians.


Datos sueltos. Lo que vale es lo otro: su historia. Julián fue bendecido desde joven: en enero de 2022, fue transferido a Manchester City, uno de los clubes más importantes del mundo, que tiene a Pep Guardiola como entrenador, también calificado en la cúspide del fútbol, según los especialistas. Se quedó seis meses más en River; voló a la Premier League, hizo un curso acelerado de adaptación y fue una de las razones (una de las principales razones) de que la Argentina se consagrara campeón mundial en Qatar. La primera, fue el mal estado físico de Lautaro Martínez. La segunda, su increíble adaptación. Y explosión.

“Julián es el campeón del mundo con Argentina. Si él jugó así con Argentina es porque es un buen jugador. Cuando tenés esa positividad podés ir allí y hacer 3 corridas, 2 o 3 cruces… No es la primera vez que ha hecho este tipo de goles. El impacto fue enorme en 10, 15 minutos. Tener estos jugadores en el banco con esa mentalidad es muy importante”, cuenta Guardiola, que no lo cuenta como un titular indiscutido. Cuando ingresa desde el banco, suele ser un impacto. Y cuando juega desde el arranque, una maravilla.


El valor de las páginas especializadas en datos futboleros (1,70m, de movimientos felinos, aún lejos del área), es de 90 millones. Y pasó del Monumental al Etihad Stadium en 23 millones, según el importe dado a conocer. En esta temporada, el cordobés jugó 26 partidos, marcó 10 goles y cedió 9 asistencias.

Y sigue. Y no para. Le quedan, tal vez, unos 15 años más de goles, títulos y abrazos con sus compañeros. La rutina de lo humanamente extraordinario.

Fuente: La Nacion

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