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Gastón Pauls: «Después de la pandemia necesitaba diversión»

El film de José Cicala presenta a un asombroso doble de John Lennon como centro de una comedia ambientada en unos años ’80 paralelos: «Una película con un humor bizarro, absurdo, pero también muy puro», describe.

¿John Lennon en la Argentina en 1980? Sí. La comedia bizarra Lennons, de José Cicala, inmortaliza y le rinde un respetuoso homenaje con mucho humor a uno de los más grandes músicos y cantantes de la historia. Pero, ¿cómo es la ficción? Corren los años ’80 y Canelón (Gastón Pauls), un excéntrico buscavidas, convence al famoso productor discográfico Jacobo Cohen (Luis Machin) de financiar un show de John Lennon en Argentina, con el argumento de que es íntimo amigo del artista. Para eso necesita a Norberto (Javier Parisi), que es idéntico al ex Beatle. Pese a que Norberto no quiere, Canelón logra que acepte bajo el pretexto de que el show será a beneficio del orfanato donde ambos crecieron. El film se estrena el jueves 5 de octubre.

«Veníamos de la pandemia, de dos años oscurísimos y esta era la primera peli que se hacía pospandemia. Veníamos del encierro, de la tristeza, de la soledad, de la incertidumbre, de no poder comunicarte con otro. Y, de pronto, aparece esta peli que era como un juego. De hecho la peli es un juego», comenta Gastón Pauls sobre los motivos que lo llevaron a aceptar participar en Lennons. «Me pareció necesario en ese momento de mi vida decir ‘Vamos a jugar’. La canción lo dice: ‘Salgamos a la puerta para ir a jugar’. Yo sentía que necesitaba eso. Después del garrón necesitaba un poco de diversión», sostiene el actor que en la comedia de Cicala luce semipelado y su aspecto ya es bizarro de por sí.

-¿Sos fan de The Beatles?

-Tengo hermanos mayores, Cristian y Alan. Ellos tienen quince años más que yo. Y crecí con esa música en mi casa por mis hermanos, pero también por mis viejos. Eso fue a los 6. Y a los 8, un día mi viejo me mostró la tapa del diario, donde figuraba que lo habían matado a Lennon. Yo me acuerdo de ese día. También me pasa con la muerte de Olmedo que recuerdo dónde estaba. Con Lennon me acuerdo dónde yo estaba cuando vi esa tapa del diario. Y fue un golpazo porque ahí entendí que alguien que me había hecho cantar seis años de mi vida no estaba más.

-¿Cómo creés que pueden recibir esta película los fans de los Beatles y de John Lennon?

-Lo hablaba mucho con Javier Parisi, que es el doble de Lennon. Para mí es el mejor doble de Lennon del mundo. De hecho, la familia de Lennon lo ama. La hermana de Lennon lo ama.

-Es igual…

-De hecho, hay una foto que cuando la vi dije: «Es Lennon». Y Cicala me dijo: «No, es Javier». La hermana de Lennon le pide a veces a Javier que vaya a Londres para estar con él. Y Julian, el hijo de Lennon, es amigo de Javier, mucho antes de la película.

-¿Cómo la vivirán los fans?

-Es un homenaje recontra respetuoso a alguien que marcó un montón de vidas y me parece que hay algo del espíritu que tenía Lennon con el homenaje a una escena en la cama, con el homenaje a Yoko Ono, con los Beatles apareciendo en una escena. Yo creo que va a haber cariño y respeto y cariño a la peli porque no se mete con nada terrible. Además, toca algo más allá de lo de Lennon, que está presente en la película. También toca algo de costado pero que está, y que tiene que ver con los chicos huérfanos -en el guión original estaba más presente- que terminan encontrando familias.

-¿Qué fue lo que más te atrapó del humor del guión?

-Es absolutamente delirante, bizarro y, a la vez, bastante puro. No necesita malas palabras ni cosas fuertes ni sexuales. Es una peli que perfectamente la puede ver mi hijo de 10 años y no le va a hacer ruido, ni va a haber cosas que no va a entender. Es un humor muy bizarro, también muy absurdo, que está además potenciado con el pedido de José como director. No es costumbrista ni naturalista. Es «Vamos para arriba». Vuelvo a decir que no puedo separarlo del momento en que lo hicimos. Lo hicimos pospandemia, después del encierro de un año y medio. Esto era: «Soltemos todo y riamos».

-¿Qué conexión tuviste con ese excéntrico buscavidas que es tu personaje?

-Hay algo que tiene el personaje y lo pienso en relación a la serie que hice, la comedia Todos contra Juan. Allí, mi personaje buscaba el éxito de la manera que fuera. Y nada lo detenía. Durante las dos temporadas de la serie mi personaje sólo estaba obsesionado con el éxito y con la forma de conseguir el éxito. Y lo termina logrando de una determinada manera. En Lennons el personaje tiene algo: él va. No importa de qué manera, no importa si hay que hacer algunos trucos, no importa si hay que mentir un poco en algunas cosas. Había algo ahí en relación a cumplir un sueño. El tiene un sueño que quiere cumplir. Y además buscar algo que te salve la vida es muy argentino: conseguir el laburo, hacer un invento, pegarla en la quiniela. Lo que me conmueve del personaje es que va hacia adelante, sin importar demasiado qué digan de él. Y eso es interesante en un personaje.

-¿Te divertiste con el cambio físico que tiene tu personaje?

-Mal. Para mí poder bizarrear algo, poder jugar a ser otro de verdad. Es otro en la manera en que habla, cómo camina. Uno aprende un personaje. Si el personaje no emite juicios ni tampoco le importa qué digan de él, yo como actor tengo que hacer lo mismo. Es cuestión de divertirnos.

-La historia está ambientada en los ’80 argentinos y mundiales alternativos. ¿Cómo viviste esa época que eras chico y cómo recordás esos 80 pop?

-El 80, sobre todo, era muy pop, por un lado, y muy oscuro, por otro, en este país. Entonces, yo lo vivía dentro de una familia de clase media. En los ‘80 era chico, gracias a Dios en una familia en la que mi padre me abría los ojos conque no toda la historia oficial es la verdadera, que siempre hay algo que no se está contando. Y muchas veces eso que no se está contando…”La historia la escriben los que ganan”, dice la canción. Y donde hay algo más pasando. La peli no se mete en eso, cuenta otra historia de un tipo desde su soledad hasta el éxito. La imagen más concreta de esos años la viví en 1982 en un aeropuerto en San Juan. Yo estaba acompañando a Mirta Busnelli, la mujer de mi padre en ese momento, que estaba haciendo una gira. Y en el aeropuerto de San Juan, cuando bajábamos del avión, había un montón de pibitos (era abril, mayo) que estaban por subir a un avión Hércules para ir a Malvinas. Y mi viejo quiso ir a hablar con los pibes. Y lo agarraron y lo hicieron volver a la fila. Ahí mi viejo dijo: «Estos son los pibes que van a pagar con su vida lo que están decidiendo otros”. Y ese ejemplo concreto me hizo entender cómo se contaba la historia en un medio y también lo que estaba pasando y no se mostraba. Ni siquiera me lo contaban en el colegio.

-Yendo a otro tema: ¿la bisagra en tu carrera cinematográfica fue Iluminados por el fuego o Nueve Reinas?

-Fueron dos momentos importantes. El de Nueve Reinas, sin duda, porque me permitió, a Fabi Bielinsky y a Ricardo Darín viajar y que gente que yo admiraba me hablara de la película: desde Robert De Niro hasta Benicio del Toro y Matt Damon sabían quién era yo porque vieron la película y porque, además, les gustó la película. Con Raquel Flotta hablábamos de que ahora se reestrena, va al Festival de San Sebastián. La vi hace poco en una nueva copia y la película envejeció bien. Está contando algo que, además, podría estar pasando todo hoy: desde la estafa en la calle hasta que cierre un banco y deje a mil personas en la calle. Todo eso puede pasar mientras estamos hablando vos y yo. Espero que no ocurra. Pero envejeció bien y sin dudas fue una bisagra. Iluminados por el fuego también, porque de las 72 pelis que hice, la que más premios ganó fue Iluminados por el fuego, que ganó treinta premios internacionales.

-Vas por la tercera temporada del ciclo Seres libres. ¿Fue sanador pensar y hacer este programa?

-Sí, lo es y hasta respondiéndote la respuesta porque que yo pueda estar hablando con vos, lúcido, sabiendo que estoy pasando el mensaje de que se puede vivir de otra manera, es sanador hasta ahora mientras hablo con vos. Y la prueba me la dan los mensajes que recibo todos los días. Hoy, cuando encienda el celular voy a tener quinientos mensajes. Y esos quinientos mensajes son de gente agradeciendo, pidiéndome ayuda, diciéndome «Casi me suicido ayer, ¿a dónde voy?». Es sanador, es esperanzador también y, por momentos, también es muy triste.

-«Pasaron ocho presidentes y nadie trató el tema de las adicciones», dijiste. ¿Por qué crees que es un tema que no está en la agenda política?

-Porque así como hay adicción a la cocaína, al alcohol, a las drogas, también hay adicción al poder, a la negación y adicción a patear el problema para adelante siempre. Hace 26 años que no hay una campaña de prevención. La última fue la del doctor Alfredo Miroli, una de Fleco y Male, que eran dos dibujitos animados que aparecían. En 27 años ni Cristina, ni Néstor, ni Mauricio, Ni Alberto, ni De la Rúa. ¿Nadie hizo una campaña de verdad? Algo raro pasa. Y creo que esa es también la adicción: a-dicción, sin palabras, lo no dicho. Y es mejor negar el tema, patearlo para el próximo gobierno o para la gestión que viene que hacerse cargo y decir «Che, vamos a trabajar para que los pibes de 10 no vayan tan relajados a fumar paco».

-También participaste en la serie Barrabrava. ¿Cómo analizás la violencia en el fútbol? ¿No es triste que para solucionarla no puedan ir los hinchas visitantes?

-Para mí es como pretender curar un cáncer con una curita. El cáncer está adentro, hay algo que está enquistado. El problema es educativo, político y hay un montón de intereses. Yo lo digo en relación a la adicción: las cárceles en la Argentina están repletas de gente que alguna relación con el consumo tiene. Quiero decir: salió a afanar tomando merca, mató a alguien en pedo, o le pegó a la mujer puesto. Y los meten en cana. Y adentro de la cárcel todos sabemos que siguen consumiendo. Todos los argentinos sabemos que en la cárcel hay droga. Lo mismo sabemos todos los argentinos que alguna relación entre las barras y la política hay. Lo sabemos todos. ¿Por qué no se corta? Porque hay adicción al poder, hay manejos relacionados al poder.

-Barrabrava también habla de las mujeres y el fútbol, de las mujeres dentro de una estructura de hombres. Eso hace quince años no se hubiera narrado de esa manera. ¿Cómo observás el cambio de paradigma a partir del movimiento feminista?

-Tanto en el fútbol como en otros ambientes, espectáculos, deportes y profesiones hoy está más repartido. Antes de ayer llevé a mi hijo a jugar al fútbol y antes de que entrara mi hijo estaban jugando diez chicas, cinco contra cinco. Y en un momento digo: «Yo me meto ahí y me hacen 32 goles». Las vi jugar y jugaban perfecto. Y entendían el juego de la misma manera que un hombre. Entonces, me parece que es una apertura, una incorporación para aquellos que estaban bloqueados y también a la hora de contarlo en una serie es fundamental. Pero no solo porque dentro de Barrabrava hay un personaje que juega, que lo interpreta Violeta Narvay, sino por cómo las madres también vivían la participación de sus hijos jugando al fútbol o como barras, cómo la mujer estuvo siempre ahí, muchas veces invisibilizada.

-Y ya que hablamos de violencia, ¿cómo notás el país?

-Estamos en una situación bastante crítica. Como se dice, una crisis es una oportunidad también. A esta altura he aprendido que por estar en los medios y en una precampaña política y una elección inminente, a no opinar demasiado de algunas cosas. Me las guardo para mi círculo más cercano. Y los lugares donde yo acciono diariamente con mi trabajo. Pero es también una gran oportunidad para ver si finalmente hay un verdadero encuentro entre fuerzas, ideologías y entre aparentes puntas de un mismo lazo; como diría Fito: uniré las puntas de un mismo lazo. Vengo a ofrecer mi corazón. Si no se logra eso vamos a estar peor.


La necesidad de la memoria
Hace unos días se realizó un acto de reivindicación de los genocidas en la Legislatura Porteña. Pero hace unos días también el Museo Sitio de Memoria ESMA fue declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad. ¿Qué le sugiere a Gastón Pauls? “Este es un país donde siempre hubo temas. Ni siquiera hablo de ahora o de gorila-peronista, hablo de unitarios y federales, por ejemplo. Y siempre esos temas terminaron en violencia. Siempre. En toda la historia. No es algo de ahora. Es algo que ocurrió”, asegura. Por eso el actor se pregunta: “¿Dónde finalmente va a estar el encuentro? ¿Dónde está? Porque si no, vamos a seguir en ciclos de derecha o de izquierda disparándonos hasta que en un momento va a estar la sangre, porque la sangre muchas veces ni siquiera es de los dos que disparan, ni desde el de la derecha que estaba apostado en el piso Nº 20 ni del otro que está en el otro piso Nº 20. Los que sangran, en general, son los invisibles, los invisibilizados, el nenito que cruzaba, el que le explotó la bomba en la jeta. Los que pagan, en general, no son los que manejan el circo. Los que pagan, en general, son los que los barren después”, considera Pauls.

-Y respecto del Sitio de Memoria ESMA, ¿qué te parece el reconocimiento?

-Todo lo que tenga que ver con la memoria es fundamental que se reivindique. La memoria como construcción de algo mejor en el presente. Si sólo nos quedamos con la memoria creyendo que desde ahí se va a construir solo algo, no. Por eso digo, que de todo esto que ocurrió tantos años atrás, no hablo solo de los últimos cincuenta años de historia, debe haber una revisión mucho más grande en este país. Hasta que no se lleve a cabo, no se va a poder avanzar. Es imposible avanzar si no hay una revisión real de todo lo que ha traído sangre y división en este país.

Fuente: Pagina 12

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