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El Vía Crucis por la paz se hizo en el Coliseo de Roma

La Semana Santa evocó el sufrimiento de quienes abandonan su país mediante tráfico de personas y por conflictos bélicos.

Pese a que en principio se había anunciado que el Papa Francisco estaría presente en el Via Crucis que se celebró el Viernes Santo en el Coliseo Romano, en la tarde del viernes el Vaticano informó que, debido al frío intenso que está azotando Roma, el Pontífice seguiría el evento desde la residencia de Santa Marta donde vive en el Vaticano. La Santa Sede trató así de evitarle riesgos a Francisco, que la semana pasada estuvo internado en el Policlínico Gemelli por problemas respiratorios. El Papa fue dado de alta el viernes pasado y en las celebraciones de esta semana apareció en el lavado de pies que realizó el Jueves Santo en la cárcel juvenil de Casal del Marmo de Roma.

No es la primera vez que un Papa se ausenta del Via Crucis. Sucedió alguna vez también, cuando Juan Pablo II estaba enfermo. Ante la ausencia del Papa, fue el cardenal Angelo De Donatis, vicario de Francisco en el obispado de Roma, quien tuvo a cargo la celebración.

El Via Crucis
El Via Crucis de este año fue titulado “Voces de paz en un mundo de guerra” y aludió a todos los países que sufren guerra, conflictos y persecuciones. Las distintas estaciones fueron leídas por tres personas con el testimonio de hombres, sacerdotes, mujeres, jóvenes, madres y monjas, que sufrieron guerras y conflictos en Africa, Asia, América latina. No se dieron los nombres de estas personas, seguramente para protegerlos.

La ceremonia empezó pidiendo “Señor, necesitamos tu paz, esa paz que no somos capaces de construir con nuestras propias fuerzas”. Las personas que llevaban la cruz e iban recorriendo el interior del Coliseo, se detenían en las estaciones del Via Crucis e intercambiaban la cruz con otras. Miles de velas en manos de los fieles que rodeaban el Coliseo, decoraron la noche religiosa.

Construido en el siglo I d.C, el Coliseo nació como un anfiteatro para luchas de gladiadores y espectáculos. Llamado originariamente Anfiteatro Flavio, fue conocido luego como Coliseo en memoria del emperador Nerón. Allí hubo martirios de cientos de cristianos cuando el cristianismo aun no era aceptado por el Imperio romano. Fue el emperador Constantino, en el año 313 dC, quien autorizó la religión cristiana. En memoria de esos mártires cristianos es que el Via Crucis del Viernes Santo se hace en el Coliseo.

Testimonios de África
Entre los muchos testimonios que se leyeron en el Via Crucis — varios de los cuales los habría escuchado el propio Francisco en sus viajes por el mundo– estuvo el de un migrante de Africa occidental: “Mi vía crucis comenzó hace seis años, cuando dejé mi ciudad. Después de 13 días de viaje llegamos al desierto y lo atravesamos en 8 días, topándonos con coches quemados, cadáveres, hasta llegar a Libia. El que todavía debía dinero a los traficantes por la travesía fue encerrado y torturado hasta que pagó. Algunos perdieron la vida, otros la razón. Me prometieron que me pondrían en un barco rumbo a Europa, pero los viajes fueron cancelados y no recuperamos el dinero. Allí estaban en guerra (…) Encontré trabajo como albañil para pagar otro viaje. Finalmente subí con más de cien personas en una barca inflable. Navegamos durante horas hasta que una embarcación italiana nos salvó”. Pero después descubrieron “que la embarcación estaba regresando a Libia. Allí estuvimos encerrados en un centro de detención, el peor lugar del mundo. Diez meses después estaba nuevamente en una barca. La primera noche hubo mar agitado, cuatro cayeron al mar, logramos salvar a dos. Me dormí esperando morir. Al despertarme, vi junto a mí personas que me sonreían (…) la barca atracó y unas ONG nos dieron comida y ropa. Trabajé para pagar otro viaje. Era la sexta vez; después de tres días en el mar llegué a Malta. Permanecí en un centro durante seis meses y cada tarde preguntaba a Dios ¿por qué hombres como nosotros deben considerarnos enemigos?”.

El testimonio de dos adolescentes del norte de África relató: “Me llamo Joseph, tengo dieciséis años. Llegué al campo para desplazados con mis padres en el 2015 y vivo allí desde hace más de ocho años. Si hubiera habido paz, me habría quedado en mi casa, donde nací, y habría disfrutado mi infancia. Aquí la vida no es bella. Tengo miedo del futuro”. Y el texto del otro chico agregó: “Soy Johnson y desde el 2014 vivo en otro campo para desplazados. Tengo catorce años y curso el tercer grado de primaria. Aquí la vida no es buena, muchos niños no van a la escuela porque no hay escuelas para todos. Queremos la paz para volver a casa”.

América Latina
También se leyó un texto de jóvenes de Centroamérica: “Nosotros los jóvenes queremos la paz. Pero con frecuencia caemos, y la caída tiene muchos nombres: nos tiran al suelo la pereza, el miedo, el desaliento y también las promesas vacías de una vida fácil pero sucia, hecha de avidez y corrupción. Esto es lo que hace crecer las espirales del narcotráfico, de la violencia, de las dependencias y la explotación de las personas”.

Una madre de Sudamérica relató: “En el 2012 la explosión de una mina puesta por los guerrilleros me destrozó una pierna. De aquel momento recuerdo los gritos de la gente y la sangre por todas partes. Pero lo que más me aterrorizó fue ver a mi hija de siete meses, cubierta de sangre, con muchos trozos de vidrio incrustados en su carita (…) Yo, víctima de esa violencia insensata, al principio experimenté rabia y resentimiento, pero después descubrí que si difundía odio, creaba aún más violencia” y por eso estudió “para enseñar a prevenir los accidentes causados por los millones de minas diseminadas en nuestro territorio”.

Ucrania y Rusia
Los dolorosos testimonios de un joven ucraniano y otro ruso, hablaron de la guerra en curso. “El año pasado, mi padre y mi madre nos prepararon a mí y a mi hermano para llevarnos a Italia, donde nuestra abuela trabaja desde hace más de veinte años –contó el chico ucraniano–; partimos desde Mariúpol. En la frontera los soldados detuvieron a mi padre y le dijeron que debía permanecer en Ucrania para combatir. Nosotros seguimos adelante en autobús. Al llegar a Italia yo sentía que me despojaban de todo. La abuela se esforzaba por hacerme sentir afortunado, pero yo quería volver a casa. Finalmente mi familia decidió volver a Ucrania. Aquí la situación sigue siendo difícil, hay guerra por todas partes, la ciudad está destruida”.

“Yo, en cambio, soy ruso –dijo el otro joven–; al decirlo experimento casi un sentimiento de culpa, pero al mismo tiempo no entiendo por qué y me siento doblemente mal, despojado de la felicidad y los sueños para el futuro. Hace dos años que veo llorar a mi abuela y a mi madre. Una carta nos comunicó que mi hermano mayor había muerto. Todos nos decían que debíamos estar orgullosos, pero en casa sólo había sufrimiento. Lo mismo pasó con mi padre y mi abuelo; también partieron y no sabemos nada de ellos”.

Pese a su ausencia en el Coliseo, Francisco estuvo presente en la basílica de San Pedro, en la tarde del viernes, para la celebración de la Pasión del Señor, es decir la anunciación de su crucifixión. El sábado el Papa en principio presidirá la vigilia pascual que se hará en la basílica de San Pedro y el domingo presidirá la misa en la Plaza de San Pedro y leerá su mensaje Urbi et Orbi, a la ciudad y al mundo.

Fuente: Pagina 12

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