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El juicio por «Romeo y Julieta» puede desencadenar una tormenta en Hollywood

Los actores aseguran haber sido engañados por Franco Zeffirelli para aparecer desnudos cuando eran menores de edad. Si la demanda prospera, los estudios podrían enfrentarse a una serie de reclamos por abusos similares en el set.

«Nunca te saques la ropa frente a un hombre de mediana edad que te dice que eso es arte». Eso es lo que Maria Schneider le dijo una vez a la prensa como advertencia para los jóvenes actores. Conocía bien el tema, dadas sus propias y traumáticas experiencias a los 19 años, cuando encarnó a la joven amante de Marlon Brando en Ultimo tango en París, el psicodrama sexual de Bernardo Bertolucci.

Hace dos semanas, dos actores hoy venerables, Olivia Hussey y Leonard Whiting, expresaron su pesar por no haber tenido más a mano un consejo como el de Schneider. Ambos aseguraron que, 55 años atrás, fueron engañados para aparecer desnudos en Romeo y Julieta, la celebrada versión cinematográfica del clásico de Shakespeare realizada por Franco Zeffirelli en 1968.

Muchos estudiantes de literatura inglesa recordarán la escena en cuestión. Hussey tenía solo 15 años cuando la filmaron. Whiting era un año mayor. Romeo y Julieta están despertándose juntos, desnudos en la cama, en el amanecer siguiente a su secreta noche de casamiento. Julieta le ruega a Romeo que se quede con ella, pero se da cuenta que él está en peligro. «Entonces andate», le implora. Están tan enamorados uno del otro que apenas si pueden separarse. En el comienzo de la escena hay fugaces vislumbres de los pechos de Hussey y el trasero de Whiting.

Nadie puede confundir la escena con una fotografía pornográfica. La premiere se realizó en marzo de 1968 en el Odeon de Londres, en Leicester Square, en presencia de la Reina, el Duque de Edinburgo y el Príncipe de Gales. La junta de calificación británica le dio a la película un certificado PG, lo que significaba que los niños podían verla. De todas maneras, los dos actores eran menores de edad cuando la hicieron.

Hussey y Whiting, ahora en sus setenta, están demandando a la compañía productora Paramount por unos 500 millones de dólares, alegando abuso sexual, humillación y fraude. Si ganan, las compuertas pueden llegar a abrirse. Ellos no son los únicos jóvenes actores inocentes que podrían asegurar que fueron víctimas de un abuso de poder por parte de directores en los que confiaban. Jenny Aguter tenía 16 años cuando hizo Encuentro de dos mundos, la brillante película en la campiña austríaca realizada por Nicolas Roeg en 1971; más tarde admitió haberse sentido «muy incómoda» con el hecho de aparecer desnuda. Brooke Shields, quien fue señalada como «la próxima Lolita» tras interpretar a una prostituta infantil en Niña bonita de Louis Malle (1978) cuando tenía 11 años, señaló que ella no se había sentido «personalmente herida» por la experiencia. Pero sí admitió que no estaba segura de que la película pudiera hacerse hoy.

Muchos de nuestros grandes «cineastas de autor» también han tenido una pronunciada racha sádica. El movimiento #MeToo puede haber echado luz sobre los abusos y las malas conductas en el set, pero ciertos directores aparecen en su punto más manipulador y malévolo cuando las cámaras estan rodando. Desde Rainer Werner Fassbinder -el enfant terrible del cine alemán de los años setenta- provocando y humillando a los miembros del elenco, a Otto Preminger explotando en rabietas, no hace falta mirar demasiado lejos para encontrar instancias de acoso y hostigamiento en las producciones cinematográficas.

Tony Marinozzi, manager residente en Ohio, especialista en relaciones públicas y productor, está asesorando a Hussey y Whiting en su juicio contra Paramount. «Al principio no tenía en la cabeza la ordalía que habían atravesado ellos dos», dice. «La gente ahora puede pensar equivocadamente que Hussey y Whiting son estas personas millonarias que se aprovechan de la película que hicieron. Pero no es el caso. Ninguno de los dos tiene una vida acomodada.»

Cuando se estrenó, Romeo y Julieta fue un éxito, y desde entonces se ha mantenido en circulación, pero los actores no han sacado beneficios de ello. De acuerdo a Marinozzi, Hussey le tuvo que pagar a Paramount para licenciar imágenes de ella en la película y poder utilizarlas en su autobiografía The Girl on the Balcony.

En el libro, Hussey escribe que cuando estaba haciendo audiciones para Romeo y Julieta, Zeffirelli le tiró bolas de papel a la cara durante uno de los monólogos. Ella le gritó que parara «a ese hombre terrible que me estaba avergonzando». El le respondió, sonriendo: «No, querida, eso es lo que quería ver, pasión.» Es una anécdota reveladora que da pistas de los juegos mentales que los realizadores a menudo llevaban a cabo para conseguir la performance que querían.

En el pasado, Hussey ha hablado de manera positiva sobre Zeffirelli, y se refirió a su «maravillosa colaboración» en la autobiografía. En una entrevista de 2018 dijo que la escena de sexo en Romeo y Julieta fue hecha «con muy buen gusto… no fue una gran cosa. Olvidé completamente que no tenía ropa». También escribió que Whiting «amó» filmar esa escena. «Bendecido por un extrovertido disfrute de la atención y una total falta de timidez, no le preocupó ni un poco que el resto del mundo echara una buena mirada a su trasero.»

Hace unos días, el hijo adoptivo de Zeffirelli, Pippo, expresó su desdén sobre la «vergonzosa» demanda, y apuntó que ambos actores mantuvieron vínculo con el director mucho después de haber hecho el film. Eso no cambia el hecho de que Hussey era una menor cuando lo hizo. En su autobiografía describe la presión que puso el estudio en que perdiera peso: le dieron pastillas para suprimir el apetito. Esto tuvo efectos colaterales que le produjeron hiperactividad y confusión. Tuvo que intervenir su madre para eliminar las pastillas.

Zeffirelli había construido una sólida confianza con los jóvenes actores. Marinozzi sugiere que es exactamente lo que le permitió engañarlos. «La manipulación estuvo desde el comienzo. Al día de hoy ellos te hablan de lo encantador que era». Estaban «deslumbrados» por él y lo consideraban «un genio artístico». Pero cree que no eso no es excusa para «una toma de desnudos que supuestamente no iba a suceder.»

La idea original era filmar a los actores con ropa interior color piel. Marinozzi dice que Hussey y Whiting se molestaron cuando Zeffirelli cambió de opinión, pero que les dio una seguridad inequívoca de que no se mostraría ningún desnudo en pantalla. «Romeo y Julieta es una gran pieza de arte, nadie va a negarlo. Pero Zeffirelli sabía que eran menores», dice Marinozzi, y agrega que cree que la culpabilidad recae en Paramount.

Maria Schneider y Marlon Brando.
El patrón se ha repetido en algunas otras películas. En Ultimo tango en París (1972), Bertolucci y su protagonista tuvieron una idea en el desayuno, mientras Brando comía una baguette, en lo que se convirtió en la escena más cuestionable del film: cuando el personaje de Brando, el triste hombre de mediana edad, usa manteca para sodomizar a su mucho más joven amante francesa, interpretada por Schneider.

Es un momento horrible. «¿Qué estás haciendo?» y «No, no, no», le grita a Brando, pero él continúa. A ella no se le advirtió lo que iba a suceder. «Pobre Maria. No tuve oportunidad de pedirle perdón», dijo Bertolucci, en un gesto de arrepentimiento en una entrevista de 2013 en el Festival de Rotterdam. «Cuando filmamos esa escena con Marlon usando la manteca, decidí no decirle. Quería una reacción de frustración y rabia.» Para entonces, Schneider llevaba dos años muerta. En los años que siguieron a hacer la película, habló a menudo del trauma y la humillación que le causó la escena. La vergüenza la acompañó toda su vida.

Si Hussey y Whiting están demandando a Paramount por lo que sucedió en Romeo y Julieta, Tippi Hedren bien podría tener un caso decente para llevar a Universal a la corte tras sus experiencias con Los pájaros (1963), de Alfred Hitchcock. Se suponía que la climática escena en la que su personaje Melanie Daniels es atacada en el dormitorio por criaturas aladas que quieren picotearla hasta la muerte iba a filmarse con modelos mecánicos. Eso es lo que prometió Hitchcock, pero mintió. «Los pájaros mecánicos no funcionaban, así que usamos los vivos», alegó.

En su autobiografía de 2016 Tippi, la actriz describe cómo los asistentes le tiraron cuervos y palomas. «Fue brutal, horrible y despiadado», escribió. «No estaba asustada, solo abrumada y en cierta forma de shock, y me la pasé diciéndome ‘No voy a dejar que me quiebren, no voy a dejar que me quiebren'». La actriz especuló que Hitchcock quería castigarla porque ella había rechazado sus avances. Puede haber sido el caso, pero el director inglés también quería conseguir la performance más auténtica posible. La estaba emboscando, borroneando las líneas entre la vida real y la ficción, para reforzar su actuación. Si a Hedren se la ve luchando para mantener a raya a las aves, es porque realmente no tiene ningún control.

Alfred Hitchock y Tippi Hedren.
Hitchock usó un montaje rápido en la escena, tal como había hecho con las puñaladas a Janet Leigh en la ducha en Psicosis, en 1960. La edición, de todos modos, no puede esconder el hecho de que la actriz y las «gritonas, frenéticas» aves -como Hedren las llamó- están continuamente juntas en el cuadro. «En el corte final, la escena del dormitorio dura un minuto», recordó Hedren. Hitchcock pasó cinco días filmándola. Es uno de los momentos más memorables del film pero, sesenta años después, parece asombroso que nadie entre los ejecutivos del estudio o los técnicos intervinieran para frenar la agonía de Hedren.

Ahora, algunas de las estrellas jóvenes manipuladas por sus directores están buscando reparación. Marinozzi revela que desde que se conoció la demanda de Hussey y Whiting se le acercaron otros intérpretes que también quieren iniciar acciones legales contra compañías por las que se sienten abusados.

Paramount aún tiene que responder a la demanda por Romeo y Julieta. Aunque la cifra de 500 millones parece astronómica, Marinozzi explica cómo se llegó a ella: la película fue un éxito en el estreno y más tarde fue relanzada, algo entonces no muy usual en Hollywood. Lo asemeja al Titanic (1998) de James Cameron, un enorme éxito que también fue relanzado y también trata de jóvenes amantes. Y apunta la sobrevida de la película en VHS. Otro punto de comparación es William Shakespeare’s Romeo + Juliet (1996), de Baz Luhrmann, con Leonardo DiCaprio y Claire Danes, que no tiene desnudos. «No es que tiramos estas cosas al azar», dice Marinozzi sobre la cifra de medio billón.

Algunos se burlan del juicio porque tomó más de 50 años en presentarse, y porque se relaciona con una película largamente considerada clásica. Tenga éxito o no, luce como un caso histórico. Si Paramount es considerada responsable ante la ley, los directores de mediana edad y los estudios para los que trabajan lo pensarán dos veces antes de agarrar la manteca, liberar a los pájaros o intentar convencer a sus muy jóvenes actores de sacarse la ropa.

Fuente: Pagina 12

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