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El demencial ataque al cuartel de Monte Chingolo: terroristas jóvenes, un delator y la resistencia de los soldados

Para el Ejército Revolucionario del Pueblo, el ataque al Batallón de Arsenales Domingo Viejobueno, en las vísperas de la Navidad de 1975, fue el principio de su fin. La historia de este operativo en el que los guerrilleros pretendían robar armas. Hoy se cumplen 47 años

En 1975, el nivel del índice de precios al consumidor fue del 334,8% respecto al año anterior. La alimentación e indumentaria fueron los rubros más castigados. Por eso a los vecinos de la plazoleta ubicada sobre el Camino General Belgrano, en Quilmes, les llamó la atención el puesto callejero que se había instalado: vendían un combo de tres panes dulces y una sidra a 150 pesos, un precio de liquidación, un ofertón. En realidad, los vendedores eran diez guerrilleros del Ejército Revolucionario del Pueblo de la Compañía “Juan de Olivera”, que en el fondo de las cajas y canastos con la mercadería, ocultaban fusiles y escopetas.

A las 19:40 esos vendedores se quitaron las ropas y dejaron ver uniformes color verde. Los vecinos corrieron espantados. En simultáneo, los terroristas habían atacado los puentes Avellaneda, La Noria, Uriburu y Victorino de la Plaza para distraer a la policía y al ejército, que ya estaba avisado del ataque que se produciría.

Dos camiones, procedentes de Florencio Varela, llenos de hombres, enfilaron hacia el Batallón de Arsenales Domingo Viejobueno por el Camino General Belgrano. El primero de ellos, al llegar a la altura de la puerta de entrada, giró violentamente y embistió el portón, que estaba asegurado con una tranca de hierro. Aún así, se abrió y se desató el infierno.


La unidad militar llevaba el nombre de Domingo Viejobueno, nacido en la ciudad de Buenos Aires el 4 de agosto de 1845. Había entrado al ejército a los 16 años y como teniente de artillería combatió en la guerra del Paraguay. Fue el primer jefe del Arsenal de Guerra, que funcionaba entre las calles Pozos, Sarandí, Garay y Brasil, en la ciudad de Buenos Aires. Falleció a días de cumplir los 56 años.

El Ejército Revolucionario del Pueblo había sido fundado en 1970 por Mario Roberto Santucho, y el Partido Revolucionario de los Trabajadores era su brazo político. Su bautismo de fuego fue el 18 de septiembre de 1970 cuando asaltó la comisaría 24° de Rosario. Su carrera delictiva incluyó el secuestro y asesinato de Oberdan Salustro, empresario de la Fiat, en 1972 y el secuestro, al año siguiente, de Víctor Samuelson, directivo de la Esso, por quien cobraron un millonario rescate en dólares. Secuestraron y asesinaron al coronel Argentino del Valle Larrabure y en el ataque al cuartel de Azul, asesinaron al coronel Camilo Gay y a su esposa Nilda Casaux. Mantuvieron cautivo además, al teniente coronel Jorge Roberto Ibarzábal al que asesinaron luego de diez meses. Cuando en Tucumán mataron al capitán Humberto Viola, también murió María Cristina, su hija de tres años. Atacaron, además, diversas unidades militares en Córdoba, Catamarca y Santa Fe. Y en 1974 instalaron un foco guerrillero en la provincia de Tucumán.


Cuando a fines de julio de 1975 el PRT-ERP comenzó a planificar el ataque en Monte Chingolo, creó el batallón urbano “José de San Martín”. Gracias a los datos de un soldado entregador, un arquitecto que colaboraba con los guerrilleros hizo una maqueta del cuartel.

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Distintas capturas de dirigentes del ERP permitieron a inteligencia de Ejército unir los cabos y estar alertas a los operativos de distracción de los guerrilleros. La conclusión a la que llegaron fue que el objetivo era el Batallón de Arsenales 601.


Además, el Ejército tenía un infiltrado en el ERP: Jesús “el oso” Rainer, un peronista tucumano que se había sumado a la organización a fines de 1974, y cuando fue descubierto, terminó asesinado con dos inyecciones de veneno.

El objetivo del ERP era robar armamento militar. Si accedían al casi millar de fusiles FAL, a las sub ametralladoras, los cañones antiaéreos y los sin retroceso, todos con sus municiones, la organización terrorista estaría en condiciones de enfrentar una guerra prolongada.

El comando que dirigió la operación se instaló en un departamento de la calle Perú 1330, en San Telmo. Intervinieron en el ataque cerca de 180 combatientes, número que asciende a 250 si se tiene en cuenta los hombres que participaron en diversas acciones secundarias y de apoyo.


En el libro “Monte Chingolo La mayor batalla de la guerrilla argentina”, de Plis-Sterenberg, se destaca que muchos de los atacantes no superaban los 22 años, y que había estudiantes de 16 y 17 años. “Todavía me acuerdo de la carita de los pibes”, rememoró un testigo.

El cuartel contaba con el treinta por ciento de su personal, ya que muchos habían sido licenciados por la Navidad.

Ese martes 23 de diciembre de 1975, detrás del camión Mercedes Benz 1112 color azul manejado por el sargento “Manuel” que logró abrir el portón, entraron cinco automóviles y dos camionetas. El camión quedó medio cruzado, su conductor muerto sobre el volante y los vehículos que vinieron detrás, cuando quisieron esquivarlo, se vieron atrapados en un zanjón de un metro de ancho y 40 centímetros de profundidad que había abierto la empresa de gas dos días antes.

Sus ocupantes se desplegaron en abanico, y empezó un nutrido tiroteo, especialmente contra la guardia. Hirieron gravemente al sargento ayudante Cisterna y mataron de un tiro en el pecho al soldado Ruffolo. El plan era tomar, además de la guardia, el casino de oficiales y el depósito de armas.

Con el correr de los minutos, los soldados conscriptos, que disparaban sin parar, comenzaron a hacerlo con más puntería. “Soldado, rendite, la cosa no es con vos”, gritaban los guerrilleros.



La llegada de helicópteros artillados -provenientes de la VII Brigada Aérea de Morón- que dispararon desde la calle del frente del cuartel, fue el fin para los atacantes. Cuando quisieron cubrirse, quedaron a merced de los defensores.

Fueron finalmente rechazados y huyeron. Los defensores entendieron que todo había terminado cuando escucharon el sonido de un M113, un vehículo mecanizado a oruga que venía de La Tablada y de una fracción del Regimiento de Granaderos a Caballo.

Los muertos del Ejército y las fuerzas de seguridad fueron el capitán Luis María Tetruzzi y el teniente primero José Luis Espinassi; el sargento ayudante Roque Cisterna y los soldados Roberto Caballero, Raúl Sessa y Benito Ruffolo. Tuvieron además 17 heridos. El número de terroristas que murieron en el cuartel y en la persecución que hubo en la villa aledaña ascendió a 62 y 25, los heridos.

La gente que vivía en los alrededores se mantuvo cuerpo a tierra porque los proyectiles agujereaban como nada las precarias casillas de chapa y cartón de la villa donde vivían. Hubo casos de pobladores que murieron al quedar expuestos cuando fuerzas del Ejército persiguió a los terroristas, que escapaban amparados en la oscuridad.

Algunos de los que huían pidieron a la gente del lugar que los guiasen a cruzar el arroyo Las Piedras, junto al barrio Iapi, mientras que por altoparlantes el Ejército recomendaba a los pobladores no salir de sus casas.

Los heridos fueron llevados a la jefatura del batallón y de ahí a muchos los derivaron al Hospital Aeronáutico y al Militar Central.


Muchos de los efectivos del cuartel estaban de licencia por las fiestas navideñas. Los soldados que permanecieron ofrecieron una tenaz resistencia, a pesar de que eran superados en número.
El fracaso de Monte Chingolo marcó el inicio de la definitiva derrota del PRT-ERP. Cuando ocurrió el golpe militar del 24 de marzo de 1976, la mayoría de sus miembros ya habían muerto y habían perdido cualquier capacidad de acción.

El ataque se produjo durante el gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón. Por todos los atacantes que fallecieron en la acción de ese día, el Estado terminaría pagando indemnizaciones que, actualizadas, alcanzan los treinta millones de pesos, de acuerdo a lo dispuesto por la ley 24.411, promulgada el 28 de diciembre de 1994.

Con los años, el cuartel se reconvirtió en un parque industrial privado, y pocos saben que fue escenario de una época trágica de nuestra historia, cuyas contradicciones llegan hasta el presente.

Fuente: Infobae

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