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El Bordo: «Las canciones son seres con vida propia»

El grupo liderado por Alejandro Kurz tocará «Indómito sentir» y «Algo más», los dos adelantos de su noveno disco de estudio, y repasará sus clásicos.

“Nuestro nuevo disco es todo un acontecimiento para nosotros”, advierte Alejandro Kurz, cantante y guitarrista de El Bordo, grupo que levantará el telón de los festejos de sus 25 años de trayectoria hoy sábado 11 en La Trastienda, a partir de las 21. “Si bien la celebración encierra un viaje en sí mismo, cada disco nuestro es un viaje, una escenografía en particular”. A pesar de que la banda -que completan Miguel Soifer en batería, Leandro Kohon en teclados y armónica, Diego Kurz en guitarra y Pablo Spivak en bajo- entró a grabar su octavo álbum de estudio en agosto pasado, ya se encuentra ultimando los detalles de un trabajo que promete convertirse en una de las sorpresas de la escena musical argentina en 2023. “Fue un proceso hermoso, muy puertas adentro. También rápido. Terminamos entrando al estudio con 12 canciones y acompañados por Mario Breuer, ingeniero de sonido que grabó a artistas que admiramos mucho como Charly, Spinetta, Calamaro y los Redondos”.

-Lo único que se escuchó hasta ahora fue el tema “Indómito sentir”, al que se sumó esta semana el segundo single. ¿Cuándo saldrá el álbum?

-El jueves presentamos la canción “Algo más” y a finales de marzo sacaremos el tercer adelanto. Entre mayo y junio ya va a estar el disco completo. La verdad es que estoy muy feliz. Es una obra que nos hace sentir muy orgullosos. En cuatro días grabamos las bases y nos llevamos el material para terminarlo en nuestro estudio. Esa intimidad fue muy linda y parecida al origen de la banda, cuando arrancamos como un grupo de amigos que hacía covers. Y luego nos fuimos a Córdoba a completar la mezcla con Mario Bruer.

-¿Aprovecharon este progresivo reencuentro con los escenarios para poner a prueba ante sus fans otras canciones del disco?

-Hasta el momento, sólo incluimos en el repertorio “Indómito sentir”, pero en los shows que daremos este fin de semana en Gesell y La Trastienda sumaremos “Algo más”. Es una canción a la que quiero mucho y con la que vengo comunicándome desde hace tiempo. Tengo la teoría de que las canciones son seres con vida propia, casi como amigos o amigas. Y finalmente este tema encontró su lugar para salir en este álbum.

-Si bien en “Indómito sentir” se notó un cambio en tu manera de escribir las letras al acercarte a esa frontalidad propia del pop, este nuevo single reafirma esa sensación. De hecho, sendas canciones tienen puntos en común con las de tu trabajo solista Brillando azul (ver abajo). ¿Puede ser que haya influido en este flamante repertorio de El Bordo?

-Varias personas me hicieron el mismo comentario de que algo se abrió en mí a partir de mi disco solista y que estoy poniéndolo en juego en este álbum de la banda. Creo que tiene que ver con la transparencia y la sinceridad, y nunca puedo llegar a verle algo negativo a eso. Me parece que las canciones suelen ser bastante testimoniales o descarnadas. Eso es lo que después percibo cuando las canto en vivo y las veo reflejadas en el espejo de la gente. Ellos y ellas las cantan y sienten de esa misma manera.

-Lo más difícil para un músico o una música es encontrar su identidad no sólo interpretativa sino también compositiva. Una vez que sucede eso, el aburguesamiento suele ser la constante. Sin embargo, por las señales que están asomando parecen decididos a salir de esa zona de confort.

-Así es. No sé si por las vivencias mismas… Vivir todo lo que vivimos generó una resignificación en todo lo que incluso venía siendo escrito desde antes. Varias de las canciones del nuevo disco, en especial una llamada “Irreal”, van a parecer que fueron escritas en pandemia. Y la verdad es que no, venía desde antes. Da la sensación de que describe lo que sucedió en esos dos años tan… No sé ni cómo definirlos. Estoy muy anclado en el aquí y el ahora. Uno cuando interpreta, tiene que ver con ese momento en particular. La letra y la música son el mapa a seguir, pero la emoción es lo que vos le das en el momento en que lo hacés.

-A pesar de que aún no se decretó al covid-19 como endemia, la gente ya lo vive como tal. No sólo eso: existe una especie de negacionismo y hasta hastío de recordar lo que sucedió. Antes se hacían canciones para contagiar historias y emociones; hoy parece que son funcionales a la instantaneidad del hit, y, por ende, son tan efímeras y hedonistas como una story de Instagram. ¿Para vos qué sentido tiene una canción en la post pandemia?

-Cada vez se acentúa en mí la idea de que puedo comunicar algo. Y eso me abre un abanico de posibilidades. En mi elección personal siempre prima la de transmitir algo que primero me emocione y que en el espejo de la gente me provoque un contagio que esté bueno. Mucho tiene que ver con los cuestionamientos que se hace uno con análisis de la realidad y con ver el presente con los ojos que tenés, la mirada que tenés hoy. En una de las nuevas canciones me pregunto por qué estamos tan obsesionados con retratar los momentos. Es algo que nos pasa a todos, que queremos sacarle fotos y filmar todo. Justo leí el libro No-cosas, de Byung-Chul Han, y se me venía la idea de que ya no acumulamos libros ni CDs porque todo está en la nube. Acumulamos recuerdos. La canción trata acerca de estos cultivos de aire, estos frasquitos llenos de aire. No estamos más en la época de la colección de objetos sino de experiencias y momentos.

-A propósito de esto que contás, de que un libro inspiró una canción de su inminente disco, esto parece que también dejó de ser común. Antes la literatura daba pie para la creación de disco conceptuales, inspiraba canciones que amplificaban el metaverso y hasta le puso nombre a muchos grupos fundamentales. Esto todavía te atraviesa. Ustedes, de hecho, llegaron a Mario Breuer tras leer su libro Rec & Roll.

-Yo vengo de esa escuela: los libros me siguen emocionando, me gustan hasta por su olor. Cuando fuimos a terminar de mezclar el libro en casa de Mario, quien ahora vive en Córdoba, había que atravesar una zona llenar de árboles. Cuando empezamos a ir por ahí, decía que eso se parecía a Camboya. Me sentía en la película Apocalypse Now, que está inspirada en el libro El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad. Todo esto también tiene que ver con eso que dijo alguna vez el Indio Solari de que el rock argentino está alimentado por todos esos libros beatniks de los ’60. Y con todas esas escrituras que alimentan una espiritualidad próxima a una forma de ser antisistema.

-La versión cinematográfica de En el camino, de Jack Kerouac, se quedó corta con respecto a la riqueza visual que tiene el libro. Lo mismo se dice de la nueva encarnación de Sin novedad en el frente, aunque en este caso amplifica otros recusos estéticos. En ese sentido, ¿cómo traducís o adaptás lo que leés a una canción?

-No es que hago una traducción sino que manifiesto cómo esa lectura me atraviesa o resuena en mí. Cuando uno lee algo se identifica con algo que ya tenía adentro. Y ve afuera algo que estaba escrito mejor que lo que tenía pensado. Yo sentía o pensaba eso, pero cuando lo veo dicho por otro, me identifico. Cuando algo me emociona, suele colarse en una canción. Nunca es una traducción exacta. O al menos nunca me pasó a mí. Lo que sí me pasó es esto que dijiste de que leés un libro y después, al momento de ver la película, te imaginás otra cosa. Es muy rica la posibilidad que ta de la lectura. Una vez que lo ponés en la pantalla, se acortan las posbilidades.

-Mario Breuer siempre estuvo dando vueltas por ahí. ¿Por qué decidieron trabajar con él?

-Antes de la pandemia, hubo un verano en el que me fui de vacaciones con varios chicos de la banda. Cuando terminé el libro de Mario, se los pasé y todos lo iban leyendo. Si en algo coincidimos fue en su buena vibra y en su buen concepto sobre la música. Me hizo recordar a Rick Rubin. Tiene un Instagram en el que baja unas ideas y fundamentos que son letales. Son máximas de la producción musical. Mario tiene mucho de eso: prioriza siempre una buena interpretación, una buena canción por sobre cualquier artefacto tecnológico. Nos pareció que para este disco su filosofía de trabajo iba a ser ideal. Y la verdad es que sí: las canciones están explotando. Hace dos días él me dejó una nota de voz en la que la que me decía que estaba emocionado en el auto escuchando el disco. Quería contarle a todos el éxtasis que estaba sintiendo, porque estaba contento con las canciones que habíamos hecho. Eso me dio la aputa de que se trata de un material que va a quedar. Para mí, vamos a sacar un disco histórico.

-Por lo que vienen contando, va a ser un disco bisagra en todo sentido en la obra de El Bordo. En lo musical, abrazan estilos como el funk, el rock gitano, el swing, la balada y hasta flirtean con la música urbana. ¿A qué se debió que hagan esto ahora y no antes?

-Porque pasaron seis años desde el último disco que sacamos. Tuvimos mucho tiempo para preparalo, y eso hizo que, de las veintipico de canciones que teníamos, las 12 que llegaron al estudio están buenísimas. Las cosas necesitan tiempo. O al menos es como yo lo concibo. Sé que el arte hoy es más efímero y todos los meses hay que subir una canción. No está bien ni mal, son los parámetros de la industria. Pero generar una buena obra y que sea durable requiere tiempo. Tiempo de ensayo, tiempo de búsqueda, tiempo para escribir, tiempo para descartar lo que no sirve. Y eso es un proceso muy natural. Si lo hacés con el reloj y pretendés un hit, es muy difícil que suceda.

-Muchos artistas de tu generación, con el paso del tiempo, se volvieron fundamentalistas y se arraigaron a su fórmula. Luego de un cuarto de siglo de trayectoria, ¿son conscientes del riesgo que están tomando?

-Lo hablé muchas veces con Chizzo, de La Renga. El viaje tiene que ser emocionante primero para uno. El artista es el primero que tiene que estar motivado. Nunca hice música pensando en el afuera sino para mí. Cuando se lo compartía a alguien, recién aparecía la mirada del otro. A nosotros nos parece un disco excitante. AC/DC, cada vez que saca un álbum, es igual. Y con esto quiero decir que hay bandas de las que se espera siempre lo mismo. Eso no es criticable ni nada por el estilo. Me parece que encontrara siempre un balance entre el presente y la raíz. El Bordo va a sacar un disco de rock, pero que va a sonar a 2023. Y la idea es que tenga groove, que mueva.

-Wos la rockea con groove. ¿Qué te parece lo que hace?

-Está buenísimo. Me lleva a Rage Against the Machine y a Peyote Asesino. Lo de Wos me gusta tanto como Ca7riel y Paco Amoroso, que son los Illya Kuryaki de esta era. Quizás ellos resuenan en mí porque noto esa raíz de tracción a sangre. A Wos lo vi en vivo y tiene una banda súper pesada tocando atrás. Y también groovea.

-¿Su nuevo disco tiene invitados?

-Tenemos un invitado increíble. Es uno de los músicos que amás admiro desde que arranqué. Cada vez que escucho el tema, se me pone la piel de gallina. Es otro de los sueños cumplidos en estos 25 años.

-¿Le compartieron estas nuevas canciones a otros colegas? ¿Ya tuvieron devolución?

-No lo abrí mucho porque recién tengo las mezclas encaminadas. Al principio lo escuchás de una forma rudimentariay tenés que hacerte una idea de cómo va a quedar. Recién las mezclas están en ese momento en que podría comenzar a mostrarlo.

-El años pasado se cumplieron 20 años de su primer álbum, El carnaval de las heridas. Si es que sos de hacer retrospectivas, al volver al estudio para hacer este disco, ¿evocaste o lo contrastaste con la forma en que hicieron ese debut?

-Lo primero que grabamos no fue un disco sino un demo que hicimos en una portaestudio a cassette. Somos de esa banda que abrazamos lo analógico y nos hicimos digitales. Hicimos una carerra atravesada por la evolución de la vida misma. Lo hicimos el 20 de diciembre de 2001 y nos agarró el estallido social. Nos quedaban unos días para terminar el disco y debido a la suba del dólar, el precio se nos disparó, así que tardamos un año entero en terminarlo. Todas viscitudes que quien haya tenido una banda vivió. Me encuentro ahora diciendo que un proyecto como El Bordo, que está por cumplir 25 años y que esté por sacar quizás el mejor disco de su carrera, me parece que ya con eso es exitoso. Eso me pone muy orgulloso.

-Luego de 25 años de trayectoria, ¿cómo perciben ese equilibrio entre pasado y presente? ¿O son de la idea, como cantó el Flaco, de que mañana es mejor?

-Esto lo hablé una vez con un conocido director de orquesta, Juan José García Caffi, que es el padrino de mi pareja e integrante del Cuarteto Zupay. Me dijo que la música popular lo que hace es conectar con la historia de las personas. Cada vez que escuchás una canción de música popular, como si fuera una máquina del tiempo te lleva al momento en que escuchaste esa canción por primera vez. Eso te dispara una endorfina de amor, de celebración y de recuerdo. Si me pongo a comparar una canción nueva con esa emoción que te lleva a un momento nostálgico, es imposible: siempre va a ganar la nostalgia. En este punto, somos conscientes de que hay canciones en los shows que tenemos que tocar y que hay clásicos que hay que hacer. Visitar nuestra historia es también importante.

-A raíz de esto que contás, ¿cómo caben los temas nuevos entre esas canciones clásicas? Los Rolling Stones siguen sacando discos, pero tocan poco y nada de ese material; siempre apelan a los himnos.

-En esta nueva modalidad de los singles, ir incorporando una canción nueva por show está bueno. Y después me gustaría ver si de esos ocho discos, lo que significan que son más de 100 canciones, podamos darle una lavadita de cara al menos a unas 20 canciones. Ponerle una ropa actual o algo así. Me parece que va a estar bueno para el repertorio de este año. Porque se viene un año muy especial.

Fuente: Pagina 12

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