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Crimen de la periodista Griselda Blanco en Corrientes: horas decisivas hacia el esclarecimiento

El crimen de la comunicadora Griselda Blanco de Curuzú Cuatiá, Corrientes, entra en zona de definiciones. Quienes tienen larga experiencia en materia de homicidios piensan que la resolución será cuestión de 24 o 48 horas y se centran, al menos por ahora, en una pista más relacionado con un conflicto interpersonal que en las sospechas sobre quienes fueron denunciados por Griselda a raíz de anomalías en el hospital y en la fuerza policial.

Anoche se volvió a allanar la vivienda de la comunicadora y se secuestró un cuchillo Tramontina, que tal vez se usó para infligirle un corte en el cuello. También otros tramos de la soga con la que se hizo el estrangulamiento. Todo indica que fue un asesinato producto de una pelea improvisada con alguien conocido, ya que ella misma le abrió la puerta. No se trató de un homicida que vino con todo preparado. Es más, hubo pelea y la periodista le arrancó pelo al asesino, dejando una prueba irrefutable, porque se constató que los cabellos tienen bulbo, es decir que se podrá determinar el ADN del agresor.

Las sospechas sobre su ex pareja, el detenido Armando Jara, se están disipando. El hombre entró en la mira esencialmente porque una cámara cercana a la casa de Jara, no a la de Griselda, lo mostró entrando a la vivienda unos 20 minutos después del homicidio. No parece evidencia suficiente. Los hijos de la periodista, además, sostuvieron que no creen que él haya sido el criminal, sino que apuntan, tal vez, a otro vínculo.

La investigación está a cargo de la fiscal María José Carrero Sahagún y tiene la asistencia predominante de la División Homicidios de la Policía Federal. Como explica habitualmente el criminalista Raúl Torre, este caso es lo que se califica como “un hecho desorganizado”, o sea que surgió de manera imprevista, con un cuchillo y una soga encontrados en el lugar. No tiene el ribete de una venganza o una ejecución por las denuncias de Griselda, dado que, en ese caso, lo habitual es que el asesino ya concurra al lugar con un arma de fuego o un cuchillo, para asegurar el resultado. Aún así, tampoco se descarta esa pista.

En los hechos desorganizados los rastros que quedan son abundantes y más aún en una ciudad chica como Curuzú Cuatiá. En el homicidio de Griselda la cantidad de pruebas que dejó el asesino es evidente: pelo, rastros en el cuchillo, en la soga, seguramente huellas digitales por todos lados. Y, además, Homicidios le pidió a la fiscal profundizar todo lo que se encuentre en los celulares.

Durante la jornada de este martes están previstos varios allanamientos y la lógica es que se pueda esclarecer el crimen de manera rápida. Al menos ese es el diagnóstico que tienen los investigadores.

Fuente: Pagina 12

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