El reciente y trágico caso del suicidio de una adolescente debido al acoso escolar conmocionó a la sociedad y reabrió el debate sobre el bullying en todos los ámbitos. En su columna semanal por Master FM, la psicóloga deportiva Cynthia Paredes analizó cómo estas situaciones de abuso se trasladan al campo de juego y qué rol deben ocupar quienes rodean a los jóvenes.
El deporte como espacio de comparación
Paredes explicó que el ámbito deportivo es competitividad constante, lo que puede volverse un terreno fértil para la discriminación. «El adolescente todo el tiempo se está midiendo con su compañero y buscando el reconocimiento del profe. Situaciones como quedar fuera de una lista o sentirse excluido son momentos donde el joven puede sufrir profundamente», señaló.
Entrenadores: «Detectores de indicadores»
La especialista hizo hincapié en que, si bien el entrenador no es un psicólogo, es el «detector» más cercano que tiene el deportista. «Si un chico alegre empieza a faltar, se queda callado o reacciona con ira, el adulto tiene que hacerse cargo de lo que ve. No podemos hacer omisión; hay que preguntar ‘¿pasó algo en tu casa? ¿querés que hablemos?'», enfatizó.
Comparó la situación con la «punta de un iceberg»: lo que el chico muestra es mínimo frente a lo que realmente está procesando debajo de la superficie.
Un llamado a la acción colectiva
Finalmente, Paredes instó a la comunidad, y especialmente a las familias, a recuperar espacios de diálogo real. «Hay que hablarlo en familia y sin celulares. Cuando un chico da señales de tristeza o miedo, el adulto debe generar un espacio de escucha abierta, sin juzgar ni bajar línea automáticamente, para poder pedir ayuda a quien corresponda antes de que sea tarde».